Jajaja, es extraño articular risas por blog, pero pretendo así ser más directa que de costumbre, en tiempos en los que la dirección deliberada no es nada sino una carencia, una manía americana, chilena tal vez, de hacer uso desmedido del lenguaje figurado, de la insinuación vulgar.
Estoy situándome en una línea recta de pensamiento, en la que toda la gente de mi edad habla de una sola cosa, la PSU, y toda la gente que no tiene mi edad habla de una sola persona, Barack Obama y la forma en la que utiliza su condición de casi negro para ganar las presidenciales, con descaro pero con gracia, claro. En la línea recta de pensamiento cuesta mantener el equilibrio para no perder la concentración y hoy día me sorprendí caminando con uniforme por las calles de Belloto, masticando un dulce de menta durísimo con un sabor más o menos fidedigno -aunque en extremo alejado al de un alka original- y observando media aturdida las pelusas primaverales que hacían alarde alrededor. Me sonaban las monedas en el bolsillo y las máquinas de la construcción hacían estruendo quebrando la tierra, destruyéndola, paradójicamente, para construir sobre ella con su falsa ingenuidad. En momentos como ese, que no identifico como sacados de un sueño ni como realidad, el tiempo es más lento y la luz más difusa. De golpe me sentí reencontrándome con cierto espíritu callejero que creía fosilizado, ese espíritu que sólo emerge, se esconde, muere y renace en este lugar del mundo, donde todos, dominados por los titulares noticiosos y los acontecimientos anuales, tradicionales -genuinos- nos olvidamos de mirar bien, respirar hondo y proceder...
martes, 4 de noviembre de 2008
domingo, 2 de noviembre de 2008
La noche espesa arrulla en mis oídos. Se esfuma, se invierte. Tu risa tibia comprime el punzar desatado que se enciende como brisa humeante en el hielo de la misma noche espesa que se transforma en mañana... Y los cientos de palabras enraizadas pronunciadas, susurradas, en las penumbras hilarantes y angustiantes del amor...
La postal idílica de tu pelo cayendo ligero por tu frente en una tarde de septiembre delinea ahora el murmullo del aire pulcro que destroza mis estaciones, mis paraderos, mis hojas secas en otoño. Mis gestos grisáceos de invierno y verano.
La postal idílica de tu pelo cayendo ligero por tu frente en una tarde de septiembre delinea ahora el murmullo del aire pulcro que destroza mis estaciones, mis paraderos, mis hojas secas en otoño. Mis gestos grisáceos de invierno y verano.
lunes, 13 de octubre de 2008
El consenso neoliberal de Washingtong es un conjunto de principios favorables al mercado diseñados por el gobierno de Estados Unidos y las instituciones financieras internacionales que éste domina en buena medida, puestos por ellos en práctica de diversas maneras: para las sociedades más vulnerables, a menudo en forma de rigurosos programas de ajuste estructural. Las reglas fundamentales, dichas en breve, son: liberalizar el comercio y las finanzas, dejar que los mercados creen los precios, acabar con la inflación y privatizar.
El beneficio es lo que cuenta, Neoliberalismo y orden global, Noam Chomsky.
Ahora, en contexto, el panorama de seguro les parece familiar. Entiéndanse los rigurosos programas de ajuste estructural como la Doctrina Monroe, por ejemplo. El fin último es siempre estabilizar y la estabilidad en este caso particular es con espantosa frecuencia beneficiar a las minorías acaudaladas. Ya algunos entendieron que era posible incluso desestabilizar para estabilizar, así, Washington tuvo que desestabilizar, derrocar, desintegrar, el gobierno marxista democráticamente elegido de Chile porque dijeron -con palabras exactas- que estaban decididos a buscar la estabilidad, Chile se mostraba como un virus que debía eliminarse con rapidez para que no hiciera proliferar el erróneo mensaje de la viabilidad del cambio social. Entonces, visto así, nada es más anti democrático que el capitalismo, ya lo era desde los tiempos de Adam Smith. Y sigue siéndolo hoy, cuando los manejos deplorables de nuestro centro financiero extranjero empiezan a hacer crujir a lo lejos nuestra maltratada economía, y no hay nada que hacer además de cruzarse de brazos y esperar con estúpida paciencia por las turbulencias. Pero el discurso nos invita amablemente a no desesperar, mal que mal, el capitalismo, como la política, no es la ética de los principios, si no, muy por el contrario, la ética de las consecuencias.
El beneficio es lo que cuenta, Neoliberalismo y orden global, Noam Chomsky.
Ahora, en contexto, el panorama de seguro les parece familiar. Entiéndanse los rigurosos programas de ajuste estructural como la Doctrina Monroe, por ejemplo. El fin último es siempre estabilizar y la estabilidad en este caso particular es con espantosa frecuencia beneficiar a las minorías acaudaladas. Ya algunos entendieron que era posible incluso desestabilizar para estabilizar, así, Washington tuvo que desestabilizar, derrocar, desintegrar, el gobierno marxista democráticamente elegido de Chile porque dijeron -con palabras exactas- que estaban decididos a buscar la estabilidad, Chile se mostraba como un virus que debía eliminarse con rapidez para que no hiciera proliferar el erróneo mensaje de la viabilidad del cambio social. Entonces, visto así, nada es más anti democrático que el capitalismo, ya lo era desde los tiempos de Adam Smith. Y sigue siéndolo hoy, cuando los manejos deplorables de nuestro centro financiero extranjero empiezan a hacer crujir a lo lejos nuestra maltratada economía, y no hay nada que hacer además de cruzarse de brazos y esperar con estúpida paciencia por las turbulencias. Pero el discurso nos invita amablemente a no desesperar, mal que mal, el capitalismo, como la política, no es la ética de los principios, si no, muy por el contrario, la ética de las consecuencias.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Estaba en mi clase de economía y escasez y el profesor, histriónico como de costumbre, empezó a relatar alguna de sus tantas historias asociadas al tema correspondiente. Se paraba, se sentaba, se volvía a parar, gesticulaba, movía las manos, pestañeaba, se empinaba la botella de cachantún y volvía a repetir el mismo procedimiento. La relación tortuosa entre mercado y Estado me daba sueño y mi cuerpo ultra relajado empezaba a contraerse en la silla minúscula. Yo creo que en el pre, donde las personas van porque quieren entrar a la Universidad -donde en realidad puedan explayarse en temas de contingencia- el tiempo reducido no alcanza para generar debate entre los estudiantes, pero mi compañera de adelante insistía en dar su opinión sobre el fraude de las inmobiliarias. Y yo tenía un montón de cosas para decir, que el sistema mixto no puede funcionar porque al final el mercado se come al Estado, que hoy sabemos, además, que lo que a Adam Smith interesaba era la riqueza de las naciones, y que incluso desde sus remotos tiempos de capitalismo clásico, el discurso altruista a pesar de fraudulento era necesario como hasta nuestros días de tecnocracia y jets privados lo es. Me picaba la lengua por decir mis planteamientos y recibir una respuesta seca y correctiva. Pero como me lo recuerda Chomsky cada vez que pesco alguno de sus libros, el beneficio es lo que cuenta...así que me callé y seguí escribiendo.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Preludio
hola!
aca la segunda (o primera) parte de mi historia que empeze en la entrada anterior.
como se podran dar cuenta, soy Rocks aprovechandome de la wena onda de mi amiga Daniela (a la cual aprovecho de mandar un saludo de cumpleaños)
aca la historia
Sin Titulo Aún
Ahí esta ella, se ve tan hermosa con su disfraz que no puedo ver nada más allá de ese inusual brillo resplandeciendo al movimiento de sus caderas.
Me retracto de mis palabras, la fiesta de disfraces fue una idea genial.
¿La saco a bailar? ¿La invito a beber algo? Bah, ella no bebe alcohol, todo será mas difícil esta noche.
Tranquilo hombre, llevas semanas esperando este momento, es obvio que el ambiente entre ustedes se corte con cuchillo. Ella es tan diferente, tan especial, tan hermosa que no la puedo dejar pasar.
Me acerco a ella ignorando a mis compañeros. La miro, la invito, me acepta, bailamos, nos abrazamos y nuestras narices se tocan y juegan al vaivén de la música. No puedo esconder mi felicidad.
Que linda te ves. Le digo sin miedo, invitando a un encuentro de miradas.
Gracias. Es lo único que ella tiene para decirme. Gracias, solo eso y nada más.
¿Qué debería decir? ¿Qué debería hacer? Su respuesta e indiferencia me cayó encima como un balde de agua fría.
Ven conmigo, tengo que contarte un secreto. Le susurro al oído con una voz suave y calmada, escondiendo mis ansias y miedos.
La tomo de la mano y la llevo al pasillo, a un costado de las escaleras.
¿Qué tienes que decirme? Me pregunta ella con una voz segura, escondiendo el miedo que compartimos.
No le respondo. El silencio a veces puede ser un amigo en el cual confiar, un camarada que te apoya e incita a actuar.
La beso, lo que esperaba hace semanas se cumple. Ella me responde de la misma forma.
Sus labios me amparan, mis manos por su cuerpo nos unen mas allá de lo que se puede apreciar.
El ambiente cambia, mis inquietudes se disipan y todo en mi es felicidad.
Ahora, todo estará bien pienso sin dudar… lo estará.
aca la segunda (o primera) parte de mi historia que empeze en la entrada anterior.
como se podran dar cuenta, soy Rocks aprovechandome de la wena onda de mi amiga Daniela (a la cual aprovecho de mandar un saludo de cumpleaños)
aca la historia
Sin Titulo Aún
Ahí esta ella, se ve tan hermosa con su disfraz que no puedo ver nada más allá de ese inusual brillo resplandeciendo al movimiento de sus caderas.
Me retracto de mis palabras, la fiesta de disfraces fue una idea genial.
¿La saco a bailar? ¿La invito a beber algo? Bah, ella no bebe alcohol, todo será mas difícil esta noche.
Tranquilo hombre, llevas semanas esperando este momento, es obvio que el ambiente entre ustedes se corte con cuchillo. Ella es tan diferente, tan especial, tan hermosa que no la puedo dejar pasar.
Me acerco a ella ignorando a mis compañeros. La miro, la invito, me acepta, bailamos, nos abrazamos y nuestras narices se tocan y juegan al vaivén de la música. No puedo esconder mi felicidad.
Que linda te ves. Le digo sin miedo, invitando a un encuentro de miradas.
Gracias. Es lo único que ella tiene para decirme. Gracias, solo eso y nada más.
¿Qué debería decir? ¿Qué debería hacer? Su respuesta e indiferencia me cayó encima como un balde de agua fría.
Ven conmigo, tengo que contarte un secreto. Le susurro al oído con una voz suave y calmada, escondiendo mis ansias y miedos.
La tomo de la mano y la llevo al pasillo, a un costado de las escaleras.
¿Qué tienes que decirme? Me pregunta ella con una voz segura, escondiendo el miedo que compartimos.
No le respondo. El silencio a veces puede ser un amigo en el cual confiar, un camarada que te apoya e incita a actuar.
La beso, lo que esperaba hace semanas se cumple. Ella me responde de la misma forma.
Sus labios me amparan, mis manos por su cuerpo nos unen mas allá de lo que se puede apreciar.
El ambiente cambia, mis inquietudes se disipan y todo en mi es felicidad.
Ahora, todo estará bien pienso sin dudar… lo estará.
martes, 9 de septiembre de 2008
No Title
Yo apoyo feliz todas las expresiones artístico literarias de mis cercanos y acá va una súper divertida:
¡No! ¡No te vallas aún!
…
Ah? ¿Que hora es? 6:38pm. ¡Ah! por la cresta tengo que levantarme. De verdad creo que no hay nada de malo en esto, es decir, todos lo hacen ¿Por qué no yo? Pero después de alrededor de 20hrs postrado en mi cama, sudando como loco y sumido en el estupor de infinitos sueños es tiempo de volver a la vida. ¿Es tiempo? ¿Es Vida? ¿Que tiene esto de vida si no se puede volar?… cuando sueño puedo volar. ¿Qué tiene esto de vida si “vivo” con la incertidumbre de la veracidad de tu cariño?… cuando sueño te puedo querer sin miramientos, sin trabas, sin nada entre nosotros.
¡Ah! Ya basta de tanta huevá, un vaso de agua y un cigarrillo en el patio.
Creo que estoy solo, mis viejos deben haber salido.
Perfecto.
Sentado apacible y cómodo en mi patio prendo el cigarrillo con ansiosa calma.
Aspiro.
¿Hay algo mas sublime que ver como el humo del tabaco sube lento (pero seguro) diluyéndose en la infinidad del aire? La verdad sí, muchas cosas, pero en este momento poco me importan.
Disfruto.
¿Qué hara ella ahora? ¿Con quien estará? ¡Carajo! tengo que dejar de pensar tanta huevada y vivir el momento.
¿Vivir?… ¿Qué tiene esto de vida? Mejor me voy a dormir un rato.
Por Rocks.
¡No! ¡No te vallas aún!
…
Ah? ¿Que hora es? 6:38pm. ¡Ah! por la cresta tengo que levantarme. De verdad creo que no hay nada de malo en esto, es decir, todos lo hacen ¿Por qué no yo? Pero después de alrededor de 20hrs postrado en mi cama, sudando como loco y sumido en el estupor de infinitos sueños es tiempo de volver a la vida. ¿Es tiempo? ¿Es Vida? ¿Que tiene esto de vida si no se puede volar?… cuando sueño puedo volar. ¿Qué tiene esto de vida si “vivo” con la incertidumbre de la veracidad de tu cariño?… cuando sueño te puedo querer sin miramientos, sin trabas, sin nada entre nosotros.
¡Ah! Ya basta de tanta huevá, un vaso de agua y un cigarrillo en el patio.
Creo que estoy solo, mis viejos deben haber salido.
Perfecto.
Sentado apacible y cómodo en mi patio prendo el cigarrillo con ansiosa calma.
Aspiro.
¿Hay algo mas sublime que ver como el humo del tabaco sube lento (pero seguro) diluyéndose en la infinidad del aire? La verdad sí, muchas cosas, pero en este momento poco me importan.
Disfruto.
¿Qué hara ella ahora? ¿Con quien estará? ¡Carajo! tengo que dejar de pensar tanta huevada y vivir el momento.
¿Vivir?… ¿Qué tiene esto de vida? Mejor me voy a dormir un rato.
Por Rocks.
martes, 2 de septiembre de 2008
Sr B
Sábado por la mañana y el Señor Bitman caminaba por la avenida con su enorme abrigo multicolor arrastrándole con carácter por entre medio de los pies. Los cuarenta grados de calor eran perfectos para pasearse sofocándose moribundo por la ciudad. Tenía el bigote anarajando y apenas unos pocos dientes erosionados. En su mano arrugadísima sostenía una pipa vacía y unos lentes poperos verdes fosforescentes. Mientras tarareaba una canción de los Beastie Boys una mujer bien vestida se acercó con gesto dulce y le entregó una moneda. El Señor Bitman la miró ofendido, y preso de la indignación dejó caer el pedacito de metal que sonó insignificante entre bocinas y griteríos. Todos los habitantes de Lispengo saben que jamás deben ofrecerle una moneda al Señor Bitman...
sábado, 23 de agosto de 2008
El fantasma inflacionario que ha debido combatir nuestro actual gobierno ha sido el mismo verdugo terrorífico que han tenido que combatir todos los gobiernos anteriores. La situación es alarmante. En las calles se dispersa determinante la idea popular de que estamos en crisis mientras que nuestros creíbles representantes niegan convenientemente la afirmación, sonríen escuetos y hacen alusión a una supuesta situación de prosperidad. A decir verdad, ambas partes están en lo cierto, el problema de nuestra economía es a nivel micro, no macro. Pero la crisis alimentaria crece exponencialmente en nuestras narices.Hambre, en alguna de sus célebres acepciones, es la escasez de alimentos básicos. Y escasez vendría a ser la insuficiencia de lo necesario para vivir. En tiempos de crisis en el mundo entero se desperdician alimentos de las formas más aberrantes, seguimos aferrándonos a la ilusión de la abundancia. Reducir el desperdicio sería una de las vías menos violentas para erradicar el hambre. En México la despreocupación es tal, que se desperdicia en promedio un 20% de los alimentos en la transacción productor-consumidor, informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) declaran que este hecho se da mayoritariamente en el consumo de frutas y cereales. Si se reciclara este alimento se alimentaría conscientemente a alrededor de cuarenta mil personas.
En Gran Bretaña -por citar sólo un ejemplo- se desperdician cada año más de cuatro millones de toneladas de alimento, en su mayoría alimentos poseedores de altos niveles de carbohidratos y proteínas como las papas y el pan. Cuatro millones de toneladas que podrían saciar el hambre de ciudades completas.
En Estados Unidos la cadena es tan desequilibrada que un 50% de los alimentos cosechados anualmente se pierde antes de ser consumido. Según un estudio de la Universidad de Arizona ésta comida podría servir para alimentar a todos los desnutridos de los Estados Unidos de América, que aunque parezca absurdo, existen.
El alza en los precios no es un problema chileno: En Panamá, Perú, Colombia, Venezuela y Bolivia los precios de los alimentos también superan a los precios generales. Sin embargo, incluso con el lúgubre panorama, se presenta categórica otra idea clara y distinta: pese a que el disparo excesivo de los precios es una amenaza, constituye a su vez una oportunidad, América Latina consume y produce materias primas, por lo tanto, si el precio crece, crece también el impulso para las exportaciones. De ahí que el problema es a nivel micro, y no macro, las autoridades no se equivocan cuando establecen que éste es un momento brillante para la economía, aun sin hacer hincapié en cuál es el costo de dicha brillantez y en quiénes son los que lo pagan a diario.Los proyectos para reducir los índices de desnutrición son promisorios a lo largo del planeta, pero no pasan de ser promesas.
El 2007 el hambre cobró 50 millones de víctimas más que en los años anteriores. Los conglomerados de dirigentes se reúnen a proponer ideas de difícil ejecución y los habitantes de estas tierras magníficas continúan esperando famélicos por una solución.
Se lee soñador e idealista, pero el mensaje además de sencillo es necesario. Cuando nos llegan realidades como ésta sin anestesia, la concepción del mundo como un lugar hostil puede infiltrársenos ágil y sin digerir. El problema va mucho más allá de las cifras que se leen en los supermercados locales.Acabar con el hambre es posible. América Latina y el caribe cuentan con recursos humanos de sobra y con más recursos naturales que cualquier otra región del mundo. Terminar con la pobreza es un objetivo ambicioso si aún no se termina con el hambre.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos propugna que la alimentación es un derecho. El hambre entorpece el desarrollo de las naciones, ensucia la democracia, cuestiona la ciudadanía y es un crimen.
El primer Objetivo del Milenio es reducir el hambre a la mitad para el 2015. Las autoridades debieran replantearse el desafío con más fuerza y más voluntad, el cometido debiera ser el de acabar con el hambre por completo y no a medias, hambre cero. Para que las políticas sociales sean efectivas a nivel global se deben implementar desde adentro, el progreso como fin sólo es alcanzable con la conciencia como medio y la conciencia sólo se crea con la información.
El 15 de Diciembre del 2006 se anunció por primera vez que Chile iba a contribuir con el hambre y la pobreza mundial. La Ley Nº 20.138 establece que los aportes se convendrían como parte de iniciativas internacionales y se canalizarían por medio de los fondos, programas y agencias del sistema de las Naciones Unidas. Estos aportes comenzarían a realizarse desde la fecha en que entren en vigencia los acuerdos correspondientes. Chile realiza aportes de hasta cinco millones de dólares anuales en la guerra contra la pobreza y la desnutrición pero tristemente no informa a sus habitantes sobre los vaivenes de ésta lucha. La población chilena de hoy es una de las más inconscientes y egoístas de nuestro continente.
domingo, 17 de agosto de 2008
Un fenómeno que estos últimos días ha tomado algo de fuerza en nuestro país, más específicamente en la capital, es la respuesta violenta que se ocupa de parte de los ciudadanos comunes y silvestres frente a los famosísimos lanzas callejeros. Los medios la critican, defienden una posición pacifista frente a la inseguridad que domina a la gente al salir a la calle un día normal a plena luz del día, dicen que la gente debe tomar otro modo de enfrentar la situación, o sea, verse como una masa indefensa, lista para ser asaltada, lanceada, abusada. Está bien… opino que para que para que a una persona le roben en el centro de su ciudad debe ser un idiota, es estúpido no saber todas las cosas que ocurren en nuestro hábitat y no tomar las precauciones necesarias, pero es indigno que la población deba estar asustadiza por la delincuencia impune a plena luz del día, y es ahí donde esta entra a tomar un papel fundamental, el descontento se traduce en violencia, no hacia la policía, ni hacia el gobierno, sino que hacia los mismos flaites que sobrevuelan ciudad buscando carroña para salvarse: un celular, una cartera, una billetera, un mp3, lo importante no es el objeto, sino el miedo y la humillación, y eso es lo que se busca detener, quizás ni siquiera se busca detenerlo, quizás es solo venganza, pero bastante sirve, como ejemplo pongo el caso del lanza de mitad de semana, que se meo en los pantalones por las represalias de la población, y bastante le pegaron señores, claro, porque lo torturaron hasta que la policía llego - y sabemos que la yuta jamás llega para proteger, y siempre llega a tiempo para corretear - supongo que el lolo de 16, y sus amigos van a tener mas cuidado cando quieran salvarse con pertenencias ajenas, y así se levanta una población, que frente a la nula acción de las fuerzas de protección toma la justicia por sus propias manos, y hoy, yo, quien menos aprueba la respuesta violenta lo aplaudo.
Por Diego Urtubia.
Mi reflexión, aunque básica, es que la violencia genera más violencia. No dejen que les metan el dedo en la boca.
Por Diego Urtubia.
Mi reflexión, aunque básica, es que la violencia genera más violencia. No dejen que les metan el dedo en la boca.
viernes, 8 de agosto de 2008
Dear

(...) el petróleo es la riqueza más monopolizada del sistema capitalista. No hay empresarios que disfruten del poder político que ejercen, en escala universal, las grandes corporaciones petroleras. La Standard Oil y la Shell levantan y destronan reyes y presidentes, financian conspiraciones palaciegas y golpes de estado, disponen de innumerables generales, ministros y James Bonds y en todas las comarcas y en todos los idiomas deciden el curso de la guerra y la paz...
Con el petróleo ocurre, como ocurre con el café o con la carne, que los países ricos ganan mucho más tomándose el trabajo de consumirlo que los países pobres por producirlo. La diferencia es de diez es a uno...
Eduardo Galeano, Las fuentes subterráneas del poder, La venas abiertas de América Latina.
Expuso con claridad que en 1964 Castelo Branco, dictador brasileño, cedió a la Hanna Mining Co. el más importante yacimiento de hierro de Brasil.
Poco tiempo después, el embajador de los Estados Unidos concedió a la Bethlehem Steel cuarenta millones de toneladas de manganeso a cambio de un miserable 4% para el estado por sobre los ingresos de importación. Para entonces, la economía brasileña crujía.
Potosí en Bolivia, Zacatecas en México, Minas Gerais en Brasil, resultan ejemplos explicativos de la impericia de algunos dirigentes a la hora de dirigir, valga la redundancia. Los saqueos descarados que tuvieron lugar en la edad moderna seguían teniendo entidad en la segunda mitad del siglo pasado: El petróleo estadounidense gozaba de un precio alto, mientras que el petróleo venezolano -que le proporcionó ganancias astronómicas a la Standard Oil de Nueva Jersey- decaía tristemente. Al tiempo que Galeano escribía sus páginas América Latina seguía siendo un lucrativo negocio extranjero. Y todavía.
La reflexión es sencilla -no quiero extenderme ni asomar tendencias políticas que no tengo-: Los pueblos no tienen memoria.
Con el petróleo ocurre, como ocurre con el café o con la carne, que los países ricos ganan mucho más tomándose el trabajo de consumirlo que los países pobres por producirlo. La diferencia es de diez es a uno...
Eduardo Galeano, Las fuentes subterráneas del poder, La venas abiertas de América Latina.
Expuso con claridad que en 1964 Castelo Branco, dictador brasileño, cedió a la Hanna Mining Co. el más importante yacimiento de hierro de Brasil.
Poco tiempo después, el embajador de los Estados Unidos concedió a la Bethlehem Steel cuarenta millones de toneladas de manganeso a cambio de un miserable 4% para el estado por sobre los ingresos de importación. Para entonces, la economía brasileña crujía.
Potosí en Bolivia, Zacatecas en México, Minas Gerais en Brasil, resultan ejemplos explicativos de la impericia de algunos dirigentes a la hora de dirigir, valga la redundancia. Los saqueos descarados que tuvieron lugar en la edad moderna seguían teniendo entidad en la segunda mitad del siglo pasado: El petróleo estadounidense gozaba de un precio alto, mientras que el petróleo venezolano -que le proporcionó ganancias astronómicas a la Standard Oil de Nueva Jersey- decaía tristemente. Al tiempo que Galeano escribía sus páginas América Latina seguía siendo un lucrativo negocio extranjero. Y todavía.
La reflexión es sencilla -no quiero extenderme ni asomar tendencias políticas que no tengo-: Los pueblos no tienen memoria.
miércoles, 6 de agosto de 2008

Josué de Castro declara -Yo, que he recibido un premio internacional de la paz, pienso que, infelizmente, no hay otra solución que la violencia para América Latina-. Ciento veinte niños se agitan en el centro de esta tormenta. La población de América Latina crece como ninguna otra, en menos de medio siglo se triplicó con creces. Cada minuto muere un niño de enfermedad o de hambre, pero en el año 2000 habrá seiscientes cincuenta millones de latinoamericanos y la mitad tendrá menos de quince años: una bomba de tiempo.
Entre los doscientos ochenta millones de latinoamericanos hay, a fines de 1970, cincuenta millones de desocupados o subocupados y cerca de cien millones de analfabetos; la mitad de los latinoamericanos vive apiñada en viviendas insalubres. Los tres mayores mercados de América Latina -Argetina, Brazil y México- no alcanzan a igualar, sumados, la capacidad de consumo de Francia o de Alemania occidental, aunque la población reunida de estos tres grandes, excede largamente a la de cualquier país europeo. América Latina produce hoy día, en relación con la población, menos alimentos que antes de la última guerra mundial, y sus exportaciones per cápita han disminuido tres veces, a precios constantes, desde la víspera de la crisis 1929.
Nuevas fábricas se instalan en los polos privilegiados del desarrollo -San Pablo, Buenos Aires, Ciudad de México- pero menos mano de obra se necesita cada vez.
El sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente. Y la gente se reproduce. Se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. Cada vez queda más gente a la vera del camino, sin trabajo en el campo y sin trabajo en la ciudad, el sistema vomita hombres. Las misiones norteamericanas esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, espirales, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños, porfiadamente, los niños latinoamericanos continúan naciendo, reivindicando su derecho natural a obtener un sitio bajo el sol de estas tierras espléndidas que podrían brindar a todos lo que a casi todos niegan.
Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina.
Hace treinta y ocho años Galeano no estaba equivocado. La situación empeoró, el hambre en América Latina crece a velocidades incalculables. Según los últimos informes de la FAO cincuenta y cuatro millones de personas sufren de desnutrición y avitaminosis crónica en la región. Los crímenes que se suscitan en nuestros sectores más periféricos son silenciosos, los que controlan los medios de difusión lo saben y preveen el caos colectivo acallando los llamados de auxilio de los que verdaderamente ya no tienen qué comer. Es mucho más fácil enfrentar a los cuerpos sin vida que genera la hambruna que a los cuerpos con vida portadores de mentes conscientes. La información existe pero la prensa amarillista no se encarga de hacerla proliferar. Está al alcance del que quiera, pero la disidencia social y el partidismo tóxico de los que llevan el pandero de las naciones la estanca y la inutiliza. A los noticiarios comunes se les van treinta de cincuenta y cinco minutos sirviendo de informadores superficiales entre noticias deportivas y crónica roja. Sube el pan, la bencina y el pasaje de la micro, mientras el 10% de todos los habitantes de América latina se va a la cama con hambre.
http://americasinhambre.blogspot.com/2007_11_01_archive.html Ese es el blog de la iniciativa de la FAO para erradicar el hambre, ¡veanlo!
Entre los doscientos ochenta millones de latinoamericanos hay, a fines de 1970, cincuenta millones de desocupados o subocupados y cerca de cien millones de analfabetos; la mitad de los latinoamericanos vive apiñada en viviendas insalubres. Los tres mayores mercados de América Latina -Argetina, Brazil y México- no alcanzan a igualar, sumados, la capacidad de consumo de Francia o de Alemania occidental, aunque la población reunida de estos tres grandes, excede largamente a la de cualquier país europeo. América Latina produce hoy día, en relación con la población, menos alimentos que antes de la última guerra mundial, y sus exportaciones per cápita han disminuido tres veces, a precios constantes, desde la víspera de la crisis 1929.
Nuevas fábricas se instalan en los polos privilegiados del desarrollo -San Pablo, Buenos Aires, Ciudad de México- pero menos mano de obra se necesita cada vez.
El sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente. Y la gente se reproduce. Se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. Cada vez queda más gente a la vera del camino, sin trabajo en el campo y sin trabajo en la ciudad, el sistema vomita hombres. Las misiones norteamericanas esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, espirales, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños, porfiadamente, los niños latinoamericanos continúan naciendo, reivindicando su derecho natural a obtener un sitio bajo el sol de estas tierras espléndidas que podrían brindar a todos lo que a casi todos niegan.
Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina.
Hace treinta y ocho años Galeano no estaba equivocado. La situación empeoró, el hambre en América Latina crece a velocidades incalculables. Según los últimos informes de la FAO cincuenta y cuatro millones de personas sufren de desnutrición y avitaminosis crónica en la región. Los crímenes que se suscitan en nuestros sectores más periféricos son silenciosos, los que controlan los medios de difusión lo saben y preveen el caos colectivo acallando los llamados de auxilio de los que verdaderamente ya no tienen qué comer. Es mucho más fácil enfrentar a los cuerpos sin vida que genera la hambruna que a los cuerpos con vida portadores de mentes conscientes. La información existe pero la prensa amarillista no se encarga de hacerla proliferar. Está al alcance del que quiera, pero la disidencia social y el partidismo tóxico de los que llevan el pandero de las naciones la estanca y la inutiliza. A los noticiarios comunes se les van treinta de cincuenta y cinco minutos sirviendo de informadores superficiales entre noticias deportivas y crónica roja. Sube el pan, la bencina y el pasaje de la micro, mientras el 10% de todos los habitantes de América latina se va a la cama con hambre.
http://americasinhambre.blogspot.com/2007_11_01_archive.html Ese es el blog de la iniciativa de la FAO para erradicar el hambre, ¡veanlo!
domingo, 3 de agosto de 2008
Habitat For Humanity
Me bajé cerca del muelle Pratt, sobresalía imponente el monumento de los héroes navales mientras el mar ondeaba enredándose con minúsculos rayitos de sol. Caminé bordeando lo que por estos días es un moderno estacionamiento subterráneo al que entran autos último modelo dispuestos a pagar treinta y cuatro pesos por minuto aun habiendo estacionamientos gratuitos. A la derecha, un edificio de mediano tamaño, con una locación oscura y siniestra provista de una reja zigzagueante, ahora en ruinas, había sido algún día la cárcel de jóvenes desorientados a los que se les había pasado la hora en toque de queda, entre ellos, mi padre. Me había relatado la historia con voz de soñador, alzando las manos y gesticulando con esmero al tiempo que saboreaba lo que le quedaba de manzana confitada. El “Galaxy Harvest” se empinaba distinguido entre las lanchas que apenas si se mantenían flotando, desbordante de containers amarillentos con inmensas inscripciones CCNI, Hapag Lloyd, Hand Craft, Seaboard Marine, entre otras.
-Do you want to take a boat?- me dijo un niño rubio de unos siete años con la misma naturalidad con la que le habría hablado a cualquier integrante de su familia, todos gringos ofcourse.
-No, gracias- contesté sonriente. La artesanía porteña presentaba variaciones considerables desde la última vez que me detuve a leer sus precios, el caballero con el pelo pegoteado repleto de dreadlocks ya no sólo ofrecía dibujos en español, a su derecha, un cartel de cartón al que el viento difícilmente le daba tregua, exponía con caligrafía deficiente “Hacemos retratos”, mientras que a su izquierda en una cartulina blanquísima, impresa y plastificada se escribía cuidadosamente “We made all kind of portraits”. Así, en Valparaíso, patrimonio de la humanidad, cada despuntado negociante que busque sacar provecho del estatus regional debe utilizar por la razón o por la fuerza el inglés como estrategia de marketing, como si el bilingüismo fuese un hallazgo común en otras ciudades del mundo, en las que si no conoces el inglés, se te confunden los pronombres y te falla la interpretación, acabas comprando aceite para el auto en lugar de aceite para cocinar. Pero Valparaíso misericordioso no castiga a sus turistas, los compadece.
Subí hacia el cerro alegre recordando las expresiones exactas de mi padre quien hacía unas semanas me había llevado de su brazo a recorrer las mismas calles alegóricas que acostumbran alimentarte con cuentos bonitos y sobre todo verosímiles, por lo que la palabra "cuento" no sería más que una mala sustitución de historia.
-Por aquí caminaba tu viejo, veinteañero, está todo muy cambiado, me dabas vuelta y no caía ni un peso, con suerte me alcanzaba para un café negro, que se me quedaba pegado en los bigotes, y mi pipa, mi pipa- había dicho con los ojos luminosos y la postura acogedora mientras pasábamos por las afueras de la St Paul Church, Iglesia Anglicana.
Los muros expendían un aroma a humedad imposible de confundir que seguramente tenía su origen en las lluvias que acababan de pasar y el hecho, por absoluto comprobable, de que a ciertos sectores de Valparaíso jamás los alcanza el sol. Instituto de Música, Taller de escultura en plata, Iglesias protestantes, Escuela de Fotografía, Cafés y hoteles por doquier, todos emplazados en antiguas construcciones coloniales, un poco remodeladas y bien pintadas.
Absorta en mis giros mentales me preguntaba qué había pasado con el Valparaíso que añoraba mi padre, “el eterno Valparaíso” que describía con efervescencia, entonces me introduje por uno de los recovecos de viviendas amontonadas y paredes atiborradas de graffitis, y así, sin más, encontré mi respuesta. La culpa -si el crudo concepto tiene aquí cabida- según algún ciudadano consciente, era del mismo reconocimiento que mencioné más arriba. En una de las ventanas que se distinguía de las demás por su decadencia, había un papel medio manchado pegado con cinta negra, que decía más o menos así: “Patrimonio de la Humanidad, pura plata y nada más”.
Entré a un café que el común de las personas ignora por ser menos pintoresco que el “Café Turry” pero en mí generó una sensibilidad especial. Bed and Breaksfast, decía con letras coloridas pintadas a mano. Me senté a contraluz observando apacible el reflejo del mar en el vidrio contiguo, el sol que había entibiado el viento empezaba a extinguirse y dejaba de quemar. Se esparcía magnífico el sonido de un saxo, "La Vie en Rose" relajaba mis músculos y el músico blancucho con apariencia de judío se balanceaba gracioso entre las mesas casi vacías. Después de leer la carta bilingüe pedí una Coca Cola: Would you please bring me a Coke? Pronuncié burlesca.
Supongo que esa es la ventaja de estar In-forming.
-Do you want to take a boat?- me dijo un niño rubio de unos siete años con la misma naturalidad con la que le habría hablado a cualquier integrante de su familia, todos gringos ofcourse.
-No, gracias- contesté sonriente. La artesanía porteña presentaba variaciones considerables desde la última vez que me detuve a leer sus precios, el caballero con el pelo pegoteado repleto de dreadlocks ya no sólo ofrecía dibujos en español, a su derecha, un cartel de cartón al que el viento difícilmente le daba tregua, exponía con caligrafía deficiente “Hacemos retratos”, mientras que a su izquierda en una cartulina blanquísima, impresa y plastificada se escribía cuidadosamente “We made all kind of portraits”. Así, en Valparaíso, patrimonio de la humanidad, cada despuntado negociante que busque sacar provecho del estatus regional debe utilizar por la razón o por la fuerza el inglés como estrategia de marketing, como si el bilingüismo fuese un hallazgo común en otras ciudades del mundo, en las que si no conoces el inglés, se te confunden los pronombres y te falla la interpretación, acabas comprando aceite para el auto en lugar de aceite para cocinar. Pero Valparaíso misericordioso no castiga a sus turistas, los compadece.
Subí hacia el cerro alegre recordando las expresiones exactas de mi padre quien hacía unas semanas me había llevado de su brazo a recorrer las mismas calles alegóricas que acostumbran alimentarte con cuentos bonitos y sobre todo verosímiles, por lo que la palabra "cuento" no sería más que una mala sustitución de historia.
-Por aquí caminaba tu viejo, veinteañero, está todo muy cambiado, me dabas vuelta y no caía ni un peso, con suerte me alcanzaba para un café negro, que se me quedaba pegado en los bigotes, y mi pipa, mi pipa- había dicho con los ojos luminosos y la postura acogedora mientras pasábamos por las afueras de la St Paul Church, Iglesia Anglicana.
Los muros expendían un aroma a humedad imposible de confundir que seguramente tenía su origen en las lluvias que acababan de pasar y el hecho, por absoluto comprobable, de que a ciertos sectores de Valparaíso jamás los alcanza el sol. Instituto de Música, Taller de escultura en plata, Iglesias protestantes, Escuela de Fotografía, Cafés y hoteles por doquier, todos emplazados en antiguas construcciones coloniales, un poco remodeladas y bien pintadas.
Absorta en mis giros mentales me preguntaba qué había pasado con el Valparaíso que añoraba mi padre, “el eterno Valparaíso” que describía con efervescencia, entonces me introduje por uno de los recovecos de viviendas amontonadas y paredes atiborradas de graffitis, y así, sin más, encontré mi respuesta. La culpa -si el crudo concepto tiene aquí cabida- según algún ciudadano consciente, era del mismo reconocimiento que mencioné más arriba. En una de las ventanas que se distinguía de las demás por su decadencia, había un papel medio manchado pegado con cinta negra, que decía más o menos así: “Patrimonio de la Humanidad, pura plata y nada más”.
Entré a un café que el común de las personas ignora por ser menos pintoresco que el “Café Turry” pero en mí generó una sensibilidad especial. Bed and Breaksfast, decía con letras coloridas pintadas a mano. Me senté a contraluz observando apacible el reflejo del mar en el vidrio contiguo, el sol que había entibiado el viento empezaba a extinguirse y dejaba de quemar. Se esparcía magnífico el sonido de un saxo, "La Vie en Rose" relajaba mis músculos y el músico blancucho con apariencia de judío se balanceaba gracioso entre las mesas casi vacías. Después de leer la carta bilingüe pedí una Coca Cola: Would you please bring me a Coke? Pronuncié burlesca.
Supongo que esa es la ventaja de estar In-forming.
sábado, 26 de julio de 2008
You should have seen them kicking Edgar Allan Poe

(...)Tras depositar nuestra fúnebre carga sobre unos caballetes en aquélla región de horror, corrimos parcialmente a un lado la aún no atornillada tapa del féretro y contemplamos el rostro de su ocupante. Una sorprendente similitud entre hermano y hermana atrajo por primera vez mi atención; y Usher, adivinando quizá mis pensamientos, murmuró algunas palabras por las que supe que la fallecida y él habían sido hermanos gemelos, y que siempre habían existido entre ellos afinidades de escasamente inteligible naturaleza. Nuestras miradas, sin embargo, no se mantuvieron largo tiempo sobre la muerta, porque no podíamos contemplarla sin estremecernos. La enfermedad que se la había llevado en la madurez de su juventud había dejado, como es habitual en todas las enfermedades de carácter estrictamente cataléptico, la burla de un débil enrojecimiento en seno y rostro, y esa suave y equívoca sonrisa en los labios que resulta tan terrible en la muerte(...)
La Caída de la Casa de Usher, Edgar Allan Poe.
Los relatos de terror de Poe me brindaron placentera compañía en toda mi noche de desvelo, encontré el libro de supuesta edición limitada, aún con olor a nuevo, un poco escondido en mi mueble, tapa amarilla con fucsia. No me acordaba cuando lo había comprado, pero cuando lo abrí me acordé. En la feria artesanal que está al frente de la playa en Viña, entre los puestos de al medio hay un carrito repleto de libros, hasta en el techo hay libros, no me acuerdo porque andaba allá pero me entretuve hojeando una versión extraña de Macbeth y la señora que atendía me miraba indignada a través de unos enormes anteojos ópticos semi oscuros, porque yo, que llevaba casi cuarenta minutos ahí, había sido la silenciosa testigo de -seguramente- más de diez fructíferas ventas, y todavía no me decidía por nada. La miré intentando igualar su gesto demoledor, metí la mano en uno de los canastos rojos y saqué un libro, "La caída de la Casa de Usher", decía, Edgar Allan Poe, busqué en mi bolsillo y encontré un billete de mil, el libro costaba ochocientos, y Poe debía merecérselos, la primera vez que encontré una copia de "El cuervo" me asusté con la tapa, no concebía los libros que leía mi papá, años después lo abrí y lo leí, entonces entendí el concepto de "terror psicológico" un poco mejor de lo que plasman las películas que pasan la semana de Halloween en TCM.
Una atmósfera siniestra, un animal infernal y una tortura inquisitorial y angustiosa...
La Caída de la Casa de Usher, Edgar Allan Poe.
Los relatos de terror de Poe me brindaron placentera compañía en toda mi noche de desvelo, encontré el libro de supuesta edición limitada, aún con olor a nuevo, un poco escondido en mi mueble, tapa amarilla con fucsia. No me acordaba cuando lo había comprado, pero cuando lo abrí me acordé. En la feria artesanal que está al frente de la playa en Viña, entre los puestos de al medio hay un carrito repleto de libros, hasta en el techo hay libros, no me acuerdo porque andaba allá pero me entretuve hojeando una versión extraña de Macbeth y la señora que atendía me miraba indignada a través de unos enormes anteojos ópticos semi oscuros, porque yo, que llevaba casi cuarenta minutos ahí, había sido la silenciosa testigo de -seguramente- más de diez fructíferas ventas, y todavía no me decidía por nada. La miré intentando igualar su gesto demoledor, metí la mano en uno de los canastos rojos y saqué un libro, "La caída de la Casa de Usher", decía, Edgar Allan Poe, busqué en mi bolsillo y encontré un billete de mil, el libro costaba ochocientos, y Poe debía merecérselos, la primera vez que encontré una copia de "El cuervo" me asusté con la tapa, no concebía los libros que leía mi papá, años después lo abrí y lo leí, entonces entendí el concepto de "terror psicológico" un poco mejor de lo que plasman las películas que pasan la semana de Halloween en TCM.
Una atmósfera siniestra, un animal infernal y una tortura inquisitorial y angustiosa...
martes, 15 de julio de 2008
Parte II
Esto, todo esto, es ficción, porque la literatura es ficción. Por supuesto que está basado en cosas que pasaron pero vincularme mucho a la historia sería sustraerle esencia.
Agradezco mucho a todas las personas que pasan por aquí, en especial a los que pasan seguido y me manifiestan frecuentemente su aprobación y apoyo. Ojala que este último mini relato que está siendo contado en partes sea de su agrado y sigan visitándome, escribo para los que quieran leer. Gracias otra vez.
La primera vez que me subí a un ring experimenté los golpes más electrizantes que la hormona del miedo puede esparcir por el cuerpo. Estaba parada con los pies congelados y la garganta contraída. De mis manos ultra vendadas emanaba un sudor frío que sólo podía sentir al contacto del vendaje con los guantes pequeñísimos y brillantes que me cubrían hasta las muñecas. Ni siquiera había empezado y ya me sentía morir. Los seis metros por seis metros del cuadrilátero se multiplicaban en mi cabeza como crueles espejismos desérticos. Al frente, una muchacha de aspecto confiado saltaba golpeándose los guantes en las caderas y sonriéndole a su entrenador de color con los ojos morados y gesto malévolo. La clandestinidad que encontraba implícita en los rincones semi oxigenados de la locación me parecía similar a la de un suburbio de apostadores en Brooklyn. Una campana repetía y repetía el mismo exacto sonido dilacerante que chocaba extendido contra las ventanas empañadas. Tenía que reaccionar.
-¡A partir de ahora todo va cuesta abajo y sin frenos!- gritó José María desde mi esquina. Subí los brazos y me moví lento hacia mi derecha, ella conectaba golpes que me aireaban el cabello trenzado, mi guardia a momentos se salía de lugar pero la devolvía recordando la venda que me había cortado la circulación del cuello. Los segundos parecían no transcurrir y el cansancio se me hacía obvio. Esperaba ansiosa el campaneo molesto. Un par de golpes faciales me adormecieron los pómulos, el protector de busto empezaba a asfixiarme, me tambaleaba como borracha, había olvidado por completo la posición correcta y mi mano protectora me cubría el abdomen maltratado. Ella se desplazaba ágil a mí alrededor, se afirmaba en la segunda hilera de cuerdas elásticas y parecía que el ring era el lugar que más le complacía. Los silbidos, las voces y los aplausos entraban a mis oídos y se mezclaban en una nebulosa de ruido enmarañado. Estaba mareada, mis rodillas sonaron huecas en el piso y la campana se introdujo veloz en mi cerebro.
Por vergonzoso que sea, de eso se ha tratado desde siempre el boxeo, caminar de frente hacia el dolor, aunque la acción invocada insulte gravemente la inteligencia. En ese, el deporte que para muchos no es deporte sino estupidez, todo, absolutamente todo está al revés, fue una de las primeras cosas que aprendí, como balbuceó Morgan Freeman en Million Dollar Baby: "Cuando quieres golpear con la izquierda, vas hacia la derecha, cuando quieres golpear con la derecha, vas hacia la izquierda, y cuando quieres huir del dolor, vas hacia él". El boxeo es tan dispar con la lógica de la humanidad que incluso alguien podría decir que la evolución es humillada por él. Desde un prisma desplaciente, devuelve al hombre su más espléndida animalidad y se opone desafiante a las normas de una sociedad civilizada.
Sentía exprimirse la sangre caliente en mis brazos enrojecidos
-no puedes desear el fin sin aceptar los medios- me dijo José María frunciendo el ceño y levantándome con suavidad. Puso un banquito en mi esquina y derramó bruscamente una botella de agua fría sobre mi cabeza. Los sentidos me volvieron a funcionar, pude oír nítidos sonidos y susurros, olí el encierro y percibí la sensación vaporosa del frío combinado con la transpiración. -¿Quieres parar?- preguntó insidioso –no sé- contesté –si paras vas a perder, si sigues también, es una decisión sencilla, de todas maneras pierdes- se metió las manos a los bolsillos, se inclinó, me besó la frente y se echó a reír, en su risa me sentí volver.
Cinco minutos después la tranquilidad que súbitamente había asaltado mi organismo me pausó los latidos del corazón y compuso mi cuerpo exhausto, recordé las palabras que había pronunciado mi padre en algún almuerzo familiar que aludía al deporte y las diferencias genéricas: "Siempre espera al segundo aire". Una sonrisa tenue se me dibujó en el rostro mientras José María observaba nervioso la escena. La campana sonó y ya no me resultaba tan molesta. Sentí la necesidad inmediata de reconciliarme con mis manos, mis pensamientos ya no eran destructivos y el ring por primera vez parecía ser un espacio simétrico y terrenal. Esquivé un uppercut que habría sido devastador, moví los pies en diferido y escupí saliva como guanaco. Respiraba agitada, la línea entre la calma y el colapso es finísima. Logré que mi jab irrumpiera firme entre sus fosas nasales, detrás podían escucharse efusivas las celebraciones de mi entrenador. Bajé la guardia con aplomo, convencida de que no había nada más que pudiera hacer y de golpe la sonoridad del entonces dulce campaneo invadió de nuevo el lugar. Tres minutos, o ciento ochenta segundos si lo prefieren, transcurrieron frágiles y acelerados, los jueces de aspecto mórbido consensuaban el resultado tras un panel de cholguan, uno de ellos con bigote mexicano y pelo grasoso salió con un sobre manchado en la mano y se lo entregó presuroso a otro que debía ser su superior, lo abrió y rió para sí mismo. Un alto parlante hizo interferencia como si alguien le frotara papel celofán al micrófono y una voz femenina se asomó precipitada captando la atención de todos...
(¡Continuará!)
Agradezco mucho a todas las personas que pasan por aquí, en especial a los que pasan seguido y me manifiestan frecuentemente su aprobación y apoyo. Ojala que este último mini relato que está siendo contado en partes sea de su agrado y sigan visitándome, escribo para los que quieran leer. Gracias otra vez.
La primera vez que me subí a un ring experimenté los golpes más electrizantes que la hormona del miedo puede esparcir por el cuerpo. Estaba parada con los pies congelados y la garganta contraída. De mis manos ultra vendadas emanaba un sudor frío que sólo podía sentir al contacto del vendaje con los guantes pequeñísimos y brillantes que me cubrían hasta las muñecas. Ni siquiera había empezado y ya me sentía morir. Los seis metros por seis metros del cuadrilátero se multiplicaban en mi cabeza como crueles espejismos desérticos. Al frente, una muchacha de aspecto confiado saltaba golpeándose los guantes en las caderas y sonriéndole a su entrenador de color con los ojos morados y gesto malévolo. La clandestinidad que encontraba implícita en los rincones semi oxigenados de la locación me parecía similar a la de un suburbio de apostadores en Brooklyn. Una campana repetía y repetía el mismo exacto sonido dilacerante que chocaba extendido contra las ventanas empañadas. Tenía que reaccionar.
-¡A partir de ahora todo va cuesta abajo y sin frenos!- gritó José María desde mi esquina. Subí los brazos y me moví lento hacia mi derecha, ella conectaba golpes que me aireaban el cabello trenzado, mi guardia a momentos se salía de lugar pero la devolvía recordando la venda que me había cortado la circulación del cuello. Los segundos parecían no transcurrir y el cansancio se me hacía obvio. Esperaba ansiosa el campaneo molesto. Un par de golpes faciales me adormecieron los pómulos, el protector de busto empezaba a asfixiarme, me tambaleaba como borracha, había olvidado por completo la posición correcta y mi mano protectora me cubría el abdomen maltratado. Ella se desplazaba ágil a mí alrededor, se afirmaba en la segunda hilera de cuerdas elásticas y parecía que el ring era el lugar que más le complacía. Los silbidos, las voces y los aplausos entraban a mis oídos y se mezclaban en una nebulosa de ruido enmarañado. Estaba mareada, mis rodillas sonaron huecas en el piso y la campana se introdujo veloz en mi cerebro.
Por vergonzoso que sea, de eso se ha tratado desde siempre el boxeo, caminar de frente hacia el dolor, aunque la acción invocada insulte gravemente la inteligencia. En ese, el deporte que para muchos no es deporte sino estupidez, todo, absolutamente todo está al revés, fue una de las primeras cosas que aprendí, como balbuceó Morgan Freeman en Million Dollar Baby: "Cuando quieres golpear con la izquierda, vas hacia la derecha, cuando quieres golpear con la derecha, vas hacia la izquierda, y cuando quieres huir del dolor, vas hacia él". El boxeo es tan dispar con la lógica de la humanidad que incluso alguien podría decir que la evolución es humillada por él. Desde un prisma desplaciente, devuelve al hombre su más espléndida animalidad y se opone desafiante a las normas de una sociedad civilizada.
Sentía exprimirse la sangre caliente en mis brazos enrojecidos
-no puedes desear el fin sin aceptar los medios- me dijo José María frunciendo el ceño y levantándome con suavidad. Puso un banquito en mi esquina y derramó bruscamente una botella de agua fría sobre mi cabeza. Los sentidos me volvieron a funcionar, pude oír nítidos sonidos y susurros, olí el encierro y percibí la sensación vaporosa del frío combinado con la transpiración. -¿Quieres parar?- preguntó insidioso –no sé- contesté –si paras vas a perder, si sigues también, es una decisión sencilla, de todas maneras pierdes- se metió las manos a los bolsillos, se inclinó, me besó la frente y se echó a reír, en su risa me sentí volver.
Cinco minutos después la tranquilidad que súbitamente había asaltado mi organismo me pausó los latidos del corazón y compuso mi cuerpo exhausto, recordé las palabras que había pronunciado mi padre en algún almuerzo familiar que aludía al deporte y las diferencias genéricas: "Siempre espera al segundo aire". Una sonrisa tenue se me dibujó en el rostro mientras José María observaba nervioso la escena. La campana sonó y ya no me resultaba tan molesta. Sentí la necesidad inmediata de reconciliarme con mis manos, mis pensamientos ya no eran destructivos y el ring por primera vez parecía ser un espacio simétrico y terrenal. Esquivé un uppercut que habría sido devastador, moví los pies en diferido y escupí saliva como guanaco. Respiraba agitada, la línea entre la calma y el colapso es finísima. Logré que mi jab irrumpiera firme entre sus fosas nasales, detrás podían escucharse efusivas las celebraciones de mi entrenador. Bajé la guardia con aplomo, convencida de que no había nada más que pudiera hacer y de golpe la sonoridad del entonces dulce campaneo invadió de nuevo el lugar. Tres minutos, o ciento ochenta segundos si lo prefieren, transcurrieron frágiles y acelerados, los jueces de aspecto mórbido consensuaban el resultado tras un panel de cholguan, uno de ellos con bigote mexicano y pelo grasoso salió con un sobre manchado en la mano y se lo entregó presuroso a otro que debía ser su superior, lo abrió y rió para sí mismo. Un alto parlante hizo interferencia como si alguien le frotara papel celofán al micrófono y una voz femenina se asomó precipitada captando la atención de todos...
(¡Continuará!)
lunes, 14 de julio de 2008
Parte I
-El boxeo es una de las cosas más absurdas que existen, me parece intolerable- decía mi mamá mientras le echaba sazonador a la carne, cuando las personas te dicen cosas tan tajantes como esa mientras enarbolan actividades culinarias lo que sea que articulen no puede ser del todo cierto.
-toma- me había dicho José María esa misma mañana al tiempo que lanzaba un bulto blanco por el aire, unos guantes marca D-box (sí, como el premium de VTR) cayeron ligeros a mis pies. No me explicó nada. José María es una de las personas más dedicadas que he conocido, me dejó moretear sus brazos y su tórax hasta que se fue a estudiar a Argentina. Mis primeras incursiones en el deporte fueron tan torpes y carentes de coordinación como las de un pajarito que apenas aprende a volar. Después de una semana de hacer "guantes" como él mismo lo llamaba, quiso que entrara por primera vez a un gimnasio -un antro de testosterona y xy- repetía burlesco mientras pasaba su brazo por mi espalda e intentaba reconfortarme. Cuatro rings, cuatro esquinas, y un número de personas que probablemente era múltiplo de cuatro adornaban el lugar con rudeza. Las paredes blancas tenían la pintura descascarada y rastros de humedad. "Pushing Bags" negros, blancos y rojos, de todos los tamaños y materiales colgaban a lo largo de una enorme hilera de fierros oxidados. Mi primer pensamiento fue que no debía haber en el mundo un lugar más seguro que ese. Nadie me miró, percibía la concentración como si tuviese vida. Unos tipos que se golpeaban entre las ajustadas dimensiones de un ring de suelo azul y cuerdas gastadas me recordaron los mejores días de Combate Space, otros más allá parecían sacados de una película de peligrosos pandilleros niuyorkinos, y al fondo un anciano vestido de gris con un silbato colgado por el cuello alentaba a una mujer de no más de veintitrés a no desistir de saltar la cuerda. José María me agarró la mano y me llevó hasta donde entrenaba el anciano, su aspecto inaccesible me espantaba, -¡Mastrantonio!- gritó con acento italiano y gesto dulce, lo abrazó y lo besó en la frente. Era su abuelo, le dijo un par de cosas al oído y ambos parecieron quedar muy conformes con la resolución. Empezó a caminar e hizo un movimiento con el brazo, entendí de inmediato y caminé tras él. -¿Adónde vamos?- pregunté -a tu casillero- contestó. ¿Ya estaba todo hecho?. Me vestí ansiosa y asustada.
José María no parecía serio, salió por una puerta negra con una radio entre los brazos, lo miré confundida, puso la radio en el piso y la enchufó como si su vida dependiera de eso. Empezó a sonar una música que no reconocía como nada que hubiese escuchado antes, una mezcla de ritmos bailables y depresivos, sonidos acelerados que se atropellaban y detenían.
-Lo primero es bailar swing- me dijo sonriente. Me enseñó a moverme en las puntas de mis pies, a separarlos constantemente por un espacio que no sobrepasara los diez centímetros. La estrategia básica sonaba muy sencilla, te estimulaba a protegerte y paradójicamente te obligaba a deponer cualquier rastro de cobardía. Se puso unos guantes azules y pareció muy seguro de lo que hacía, introdujo su brazo por sus caderas y lo impulsó sacándolo de su perímetro corporal, el brazo se desplazó en trayectoria directa -eso es un jab- murmuró. Jab y Uppercut iban a ser dos de las palabras que no se me borrarían de la mente durante los próximos años. Jab, Uppercut y Crochet eran los golpes básicos, Swing era un golpe mixto o compuesto que no llegué a entender si no tiempo después. Las sombras de sus movimientos bruscos y certeros se proyectaban con naturalidad sobre las murallas. Por un momento sentí que él controlaba todo a su alrededor. Intenté ser su espejo, cada levantamiento que ejecutaba me resultaba embarazoso y aletargado. Me dejé caer en el piso víctima de un intenso cansancio.
-¡Párate!- escuché sorprendida, José María ya no sonreía y su aspecto dictatorial me levantó en cuestión de segundos. No quería seguir, los brazos me pesaban, un enjambre de hormigas me atravesaba las piernas y el estomago me burbujeaba. Su rostro, que entonces emanaba indignación me hizo sentir perdida. Me dejó sola un par de minutos y volvió cargando cuerdas y vendas. Me dijo que no iba a salir de ahí a menos que aprendiera a protegerme. ¿Protegerme? yo no sabía a qué se refería -protegerme de su demencia y complejo de esclavista- pensé. Enderezó mi columna y pasó vendas amarillentas por detrás de mi cuello, las amarró a mi brazo izquierdo y me hizo golpear. -¿Estás bien?- preguntó con irónica compasión -me duele- vacilé.
José María había sufrido transformaciones espantosas en su conducta al pasar las horas, ya no era amable ni comprensivo, me trataba como a una máquina que debía cumplir inexpresiva sus órdenes enfermizas. Era el mal de los entrenadores de boxeo, de seguro todos creían que con violencia sacaban lo mejor de ti. José María tenía diecisiete, el pelo oscuro, las manos grandes y el cuerpo grueso, se paraba frente a mí con los brazos cruzados y una toalla blanca en los hombros a vigilar mis ejercicios cada mañana. Su postura segura y expresión de gendarme, al cabo de unos días ya me eran familiares. Corría junto a mí para controlar mi respiración y ocasionalmente me invitaba a tomar una bebida energizante para continuar laboriosos con la tortura.
(continuará)
-toma- me había dicho José María esa misma mañana al tiempo que lanzaba un bulto blanco por el aire, unos guantes marca D-box (sí, como el premium de VTR) cayeron ligeros a mis pies. No me explicó nada. José María es una de las personas más dedicadas que he conocido, me dejó moretear sus brazos y su tórax hasta que se fue a estudiar a Argentina. Mis primeras incursiones en el deporte fueron tan torpes y carentes de coordinación como las de un pajarito que apenas aprende a volar. Después de una semana de hacer "guantes" como él mismo lo llamaba, quiso que entrara por primera vez a un gimnasio -un antro de testosterona y xy- repetía burlesco mientras pasaba su brazo por mi espalda e intentaba reconfortarme. Cuatro rings, cuatro esquinas, y un número de personas que probablemente era múltiplo de cuatro adornaban el lugar con rudeza. Las paredes blancas tenían la pintura descascarada y rastros de humedad. "Pushing Bags" negros, blancos y rojos, de todos los tamaños y materiales colgaban a lo largo de una enorme hilera de fierros oxidados. Mi primer pensamiento fue que no debía haber en el mundo un lugar más seguro que ese. Nadie me miró, percibía la concentración como si tuviese vida. Unos tipos que se golpeaban entre las ajustadas dimensiones de un ring de suelo azul y cuerdas gastadas me recordaron los mejores días de Combate Space, otros más allá parecían sacados de una película de peligrosos pandilleros niuyorkinos, y al fondo un anciano vestido de gris con un silbato colgado por el cuello alentaba a una mujer de no más de veintitrés a no desistir de saltar la cuerda. José María me agarró la mano y me llevó hasta donde entrenaba el anciano, su aspecto inaccesible me espantaba, -¡Mastrantonio!- gritó con acento italiano y gesto dulce, lo abrazó y lo besó en la frente. Era su abuelo, le dijo un par de cosas al oído y ambos parecieron quedar muy conformes con la resolución. Empezó a caminar e hizo un movimiento con el brazo, entendí de inmediato y caminé tras él. -¿Adónde vamos?- pregunté -a tu casillero- contestó. ¿Ya estaba todo hecho?. Me vestí ansiosa y asustada.
José María no parecía serio, salió por una puerta negra con una radio entre los brazos, lo miré confundida, puso la radio en el piso y la enchufó como si su vida dependiera de eso. Empezó a sonar una música que no reconocía como nada que hubiese escuchado antes, una mezcla de ritmos bailables y depresivos, sonidos acelerados que se atropellaban y detenían.
-Lo primero es bailar swing- me dijo sonriente. Me enseñó a moverme en las puntas de mis pies, a separarlos constantemente por un espacio que no sobrepasara los diez centímetros. La estrategia básica sonaba muy sencilla, te estimulaba a protegerte y paradójicamente te obligaba a deponer cualquier rastro de cobardía. Se puso unos guantes azules y pareció muy seguro de lo que hacía, introdujo su brazo por sus caderas y lo impulsó sacándolo de su perímetro corporal, el brazo se desplazó en trayectoria directa -eso es un jab- murmuró. Jab y Uppercut iban a ser dos de las palabras que no se me borrarían de la mente durante los próximos años. Jab, Uppercut y Crochet eran los golpes básicos, Swing era un golpe mixto o compuesto que no llegué a entender si no tiempo después. Las sombras de sus movimientos bruscos y certeros se proyectaban con naturalidad sobre las murallas. Por un momento sentí que él controlaba todo a su alrededor. Intenté ser su espejo, cada levantamiento que ejecutaba me resultaba embarazoso y aletargado. Me dejé caer en el piso víctima de un intenso cansancio.
-¡Párate!- escuché sorprendida, José María ya no sonreía y su aspecto dictatorial me levantó en cuestión de segundos. No quería seguir, los brazos me pesaban, un enjambre de hormigas me atravesaba las piernas y el estomago me burbujeaba. Su rostro, que entonces emanaba indignación me hizo sentir perdida. Me dejó sola un par de minutos y volvió cargando cuerdas y vendas. Me dijo que no iba a salir de ahí a menos que aprendiera a protegerme. ¿Protegerme? yo no sabía a qué se refería -protegerme de su demencia y complejo de esclavista- pensé. Enderezó mi columna y pasó vendas amarillentas por detrás de mi cuello, las amarró a mi brazo izquierdo y me hizo golpear. -¿Estás bien?- preguntó con irónica compasión -me duele- vacilé.
José María había sufrido transformaciones espantosas en su conducta al pasar las horas, ya no era amable ni comprensivo, me trataba como a una máquina que debía cumplir inexpresiva sus órdenes enfermizas. Era el mal de los entrenadores de boxeo, de seguro todos creían que con violencia sacaban lo mejor de ti. José María tenía diecisiete, el pelo oscuro, las manos grandes y el cuerpo grueso, se paraba frente a mí con los brazos cruzados y una toalla blanca en los hombros a vigilar mis ejercicios cada mañana. Su postura segura y expresión de gendarme, al cabo de unos días ya me eran familiares. Corría junto a mí para controlar mi respiración y ocasionalmente me invitaba a tomar una bebida energizante para continuar laboriosos con la tortura.
(continuará)
jueves, 10 de julio de 2008
ABC

En el tiempo que escribo he intentado combatir mi tendencia tremenda a no enfrentar ciertos aspectos de mi vida. No poseo la sensibilidad del artista. No me arriesgo, me cuesta. Aunque la mayor parte de mi experiencia escolar la he pasado oponiéndome a mis profesores, siempre ha habido situaciones que me cortan los nervios de la garganta. Una profesora de Lenguaje -a quien no voy a nombrar para no romper mi línea poco confesional- leyó un cuento que escribí -aún sin nombre y sin intención alguna de ser publicado- y coincidió con otros comentarios en que mi personaje no era ni más ni menos que un sencillo y básico alter ego.
-Ábrete, exprésate- me dijo como queriendo evaluar mi estado psicológico. Si las personas con complejos terapéuticos existen, de seguro ella entra en esa clasificación. Sólo estando en una habitación blanca con persianas de hospital, tendida en un diván de cuero negro, con una túnica y lentes bonaire podría haber sido parte de una instancia más psiquiátrica que esa. Me asignó escribir un ensayo, con seria apertura emocional, como si un ensayo de dos planas fuese a sacar el artista que supuestamente habitaba dentro de mí. Ensayé en distintas posiciones encima de mi alfombra junto a la estufa y transformé el piso de mi pieza en un vertedero turbio de hojas de cuaderno. No conseguí nada, me senté frente al computador dispuesta a acostarme sin terminar el ensayo. Tenía la mente echa pedazos, y las suposiciones ensayísticas tropezaban difusas con envases de yogurth y canciones de Bob Marley. Hace dos años mi papá me regaló un libro verde que tenía en la tapa la cara de un Australopithecus, "Los orígenes de la civilización", el libro se veía poco atractivo, pero por aburrimiento o compromiso lo empecé a leer, despertó una parte mía que no conocía, y así como lo empecé, tuve que terminarlo y re leerlo. Childe, su autor, establecía tesis tan variadas y fascinantes que quedaron dispersas con carácter en mi cabeza y seguramente influyeron en mi manera de ver el mundo y relacionarme con las letras. En alguna de las doscientas cincuenta y algo páginas de mi breviario, decía con énfasis particular, que los hombres y mujeres siempre deben omitirse de sus propios juicios, hacía tiempo que nadie me decía algo que me hiciera tanto sentido. Y por querer hacer caso a las tajantes palabras del difunto autor, me olvidé de como era no omitirme de mis propios juicios. Cuando terminé de pensar ya llevaba tres páginas de "ensayo", había citado nombres y lugares reales, había descrito con inhumana meticulosidad sensaciones y reacciones que sólo podían pertenecerme a mí, había confiado en el poder de mi adjetivo y dejado fluir las canciones sugerentes que se amontonaban en mis listas de reproducción como partes de un encantador burlitzer mental. Como miel sobre hojuelas...
-Ábrete, exprésate- me dijo como queriendo evaluar mi estado psicológico. Si las personas con complejos terapéuticos existen, de seguro ella entra en esa clasificación. Sólo estando en una habitación blanca con persianas de hospital, tendida en un diván de cuero negro, con una túnica y lentes bonaire podría haber sido parte de una instancia más psiquiátrica que esa. Me asignó escribir un ensayo, con seria apertura emocional, como si un ensayo de dos planas fuese a sacar el artista que supuestamente habitaba dentro de mí. Ensayé en distintas posiciones encima de mi alfombra junto a la estufa y transformé el piso de mi pieza en un vertedero turbio de hojas de cuaderno. No conseguí nada, me senté frente al computador dispuesta a acostarme sin terminar el ensayo. Tenía la mente echa pedazos, y las suposiciones ensayísticas tropezaban difusas con envases de yogurth y canciones de Bob Marley. Hace dos años mi papá me regaló un libro verde que tenía en la tapa la cara de un Australopithecus, "Los orígenes de la civilización", el libro se veía poco atractivo, pero por aburrimiento o compromiso lo empecé a leer, despertó una parte mía que no conocía, y así como lo empecé, tuve que terminarlo y re leerlo. Childe, su autor, establecía tesis tan variadas y fascinantes que quedaron dispersas con carácter en mi cabeza y seguramente influyeron en mi manera de ver el mundo y relacionarme con las letras. En alguna de las doscientas cincuenta y algo páginas de mi breviario, decía con énfasis particular, que los hombres y mujeres siempre deben omitirse de sus propios juicios, hacía tiempo que nadie me decía algo que me hiciera tanto sentido. Y por querer hacer caso a las tajantes palabras del difunto autor, me olvidé de como era no omitirme de mis propios juicios. Cuando terminé de pensar ya llevaba tres páginas de "ensayo", había citado nombres y lugares reales, había descrito con inhumana meticulosidad sensaciones y reacciones que sólo podían pertenecerme a mí, había confiado en el poder de mi adjetivo y dejado fluir las canciones sugerentes que se amontonaban en mis listas de reproducción como partes de un encantador burlitzer mental. Como miel sobre hojuelas...
martes, 1 de julio de 2008
Oh Baby baby it's a wild world
Se escucha "Blue Monday", de la mano de New Order, How does it feel? me pregunta un gringo seguido de una catarsis electrónica. No sé cómo se siente, pero en definitiva, si ésta canción dignifica algún día, debió ser el de ayer, ayer sí que fue un Blue Monday. Lo fue desde no sé a que hora, vi Zeitgeist con unos amigos, me faltaba un pedazo. Tengo en la mente que todo cambia con el paso de los años, en especial las personas, la ropa que usabámos hace cinco años, la música que escuchábamos y el individuo que nos quitaba el sueño, todo nos parece rídiculo. Y aunque me resisto a la idea de pensar que lo que hoy hago va a llegar a parecerme rídiculo, vivir del futuro y no del presente es intrínsecamente una de las características de esta etapa. Bueno, vamos por parte, Zeitgeist. Zeitgeist es un documental que tiene como propósito deliberado destruir las obtusas concepciones humanas, parte destruyendo la religiosidad, seguida por la destrucción del Imperio, naturalmente -ya comenté acá sobre el Loosing Change y el September Clues- para terminar golpeándote en la base de la vida contemporánea, el control financiero. He tenido más de una discusión con más de una persona respecto a la razones que hacen al Zeitgeist -ya hablamos de Zeitgeist como un espectro, como una criatura oscura, como una droga- no apto para todos. Los motivos: la propensión a dejarse influenciar, la debilidad mental y moral, entre otros, que recaen siempre en la incapacidad humana de mantenerse firmes en algo. No creo que el Zeitgeist sea bueno o malo en general, tampoco creo que sea bueno o malo para alguien en particular, pero si ya vamos tan avanzados en los eslabones de la evolución, rindámosle honores a nuestra raza y no insultemos la capacidad humana de decidir criteriosamente frente a algo, mal que mal, creer o no creer tiene estrecha relación con ver todas las partes de una cosa, el que dijo que la fe era ciega era un estúpido. Además, este documental tampoco es tan revelador, muchas de las cosas que dice ya son sabidas y se han tratado desde distintos prismas, quizás es un poco más subversivo por su forma de plantear las cosas como verdades absolutas y no como sugerencias para crear la tuya propia.
Yo creo que todos se acuerdan de Krafty, un video de New Order que daban en el Via X por el año 2003, cuando Via X aún era el canal treinta y tres. Aparecían dos adolescentes famélicos que tenían su primera relación sexual, el video retrataba toda la secuencia de quitarse la ropa y la abertura del condón. En ese tiempo me parecía embarazoso, hoy día, la esfera globalizada de You Tube me lo muestra con mala definición y lo encuentro pasado de moda.
Anoche después de una cita torturante con mi dentista me sumí en una conversación depresiva con mi mamá, es increíble como las mamás pueden sacar lo mejor y lo peor de ti. Me habló de mis planes a futuro, de mi vida futura, de mis estudios futuros, la palabra futuro fue repetida probablemente unas cuarenta veces en distintas frases y connotaciones, ella dibujaba con las manos en el aire, sonriente. Al principio yo sentía las comunes ansias motivadoras hacia lo venidero, en la mitad ya iba un poco desorientada, y al final, quería soltar la bolsita de maní que me estaba comiendo y salir corriendo. Presente, pasado y futuro, se mezclaron en la misma bolsita transparente que tiré al medio de una calle llena de taxis. Me subí al auto, y hasta la radio estaba en sintonía conmigo sonaba un ronco Cat Stevens y mi mamá tarareaba "Oh baby, baby it's a wild world"
(para mí, es un tema que simboliza el término de tu niñez, te lanza a un mundo salvaje y encima siente pena por ti "Oh nena nena, es un mundo salvaje"), la canción entera se combinó rápido con bocinas y frenazos, alarmas de bomberos e imágenes caricaturescas de gente durmiendo en las micros, me sentí en una jungla ¿Hoy por hoy, todos le temen al futuro?.
Yo creo que todos se acuerdan de Krafty, un video de New Order que daban en el Via X por el año 2003, cuando Via X aún era el canal treinta y tres. Aparecían dos adolescentes famélicos que tenían su primera relación sexual, el video retrataba toda la secuencia de quitarse la ropa y la abertura del condón. En ese tiempo me parecía embarazoso, hoy día, la esfera globalizada de You Tube me lo muestra con mala definición y lo encuentro pasado de moda.
Anoche después de una cita torturante con mi dentista me sumí en una conversación depresiva con mi mamá, es increíble como las mamás pueden sacar lo mejor y lo peor de ti. Me habló de mis planes a futuro, de mi vida futura, de mis estudios futuros, la palabra futuro fue repetida probablemente unas cuarenta veces en distintas frases y connotaciones, ella dibujaba con las manos en el aire, sonriente. Al principio yo sentía las comunes ansias motivadoras hacia lo venidero, en la mitad ya iba un poco desorientada, y al final, quería soltar la bolsita de maní que me estaba comiendo y salir corriendo. Presente, pasado y futuro, se mezclaron en la misma bolsita transparente que tiré al medio de una calle llena de taxis. Me subí al auto, y hasta la radio estaba en sintonía conmigo sonaba un ronco Cat Stevens y mi mamá tarareaba "Oh baby, baby it's a wild world"
(para mí, es un tema que simboliza el término de tu niñez, te lanza a un mundo salvaje y encima siente pena por ti "Oh nena nena, es un mundo salvaje"), la canción entera se combinó rápido con bocinas y frenazos, alarmas de bomberos e imágenes caricaturescas de gente durmiendo en las micros, me sentí en una jungla ¿Hoy por hoy, todos le temen al futuro?.
miércoles, 25 de junio de 2008
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LA RESPUESTA INICIAL A LOS ATENTADOS DEL 11 DE SEPTIEMBRE IBA A SER UN ATAQUE MASIVO CONTRA AFGANISTÁN Y OTROS PAÍSES DE LA REGIÓN, LO CUAL MATARÍA A MUCHA GENTE. CON CRITERIO, LA ADMINISTRACIÓN BUSH DIO MARCHA ATRÁS. TODOS LOS LIDERES EXTRANJEROS, LA OTAN, SUPONGO QUE SU PROPIO SERVICIO DE INTELIGENCIA TAMBIÉN, LE ADVIRTIERON QUE ESA SERIA LA RESPUESTA MAS ESTÚPIDA QUE PODRÍA TENER.
SERIA EQUIVALENTE A ABRIR OFICINAS DE INSCRIPCIÓN DE SIMPATIZANTES DE BIN LADEN EN TODA LA REGIÓN. ESO ERA EXACTAMENTE LO QUE EL QUERÍA Y DAÑARÍA MUCHOS DE LOS INTERESES ESTADOUNIDENSES. POR ESO DIERON MARCHA ATRÁS Y OPTARON POR UN "GENOCIDIO SILENCIOSO"(...)
Noam Chomsky, El terror como política exterior de ESTADOS UNIDOS.
Suena, resuena, una versión moderna de adaptación cinematográfica de "All my loving", el zapping me llevó a toparme con la primera edición de Loosing Change, un documental que recoge conclusiones de investigaciones realizadas al ataque del 11 de Septiembre (si me preguntan, hay otro que se llama September Clues que es mejor). Ayer le pedí a mi papá que me explicara algunas cosas del mestizaje que no tenía claras, se sentó en mi cama y la explicación de cinco minutos se transformó rápido en una conversación de hora y media. Me contó, entre muchas otras cosas más, que O'Higgins con San Martín cuando armaron el "ejército libertador" buscaban traer nobles a la entonces incipiente nación e instaurar una monarquía, porque era lo único que conocían, la República podía parecerles con razón y derecho, ajena y compleja. Me dijo que si venía alguien a decirme que íbamos a cambiar la democracia por un sistema nuevo y a pedirme sugerencias probablemente articularía la palabra "representatividad" y "bicameral" más de una vez y eso no es otra cosa que la fuerza de la costumbre. Pero ¿Cómo es posible imaginarse que es lo que viene después? quizás alguien lo había hecho, y eso, los grandes dirigentes debieran haberlo imaginado. El capitalismo que nacía en la Europa del siglo XVI mantuvo y mantiene hasta hoy una cantidad en extremo considerable de naciones estables, si hacemos un balance, el capitalismo ha resultado. Acentuando las desigualdades como las bacterias se multiplican ha hecho crecer las economías mundiales que se atropellan entre sí y ha sobrevivido al temblor de la ambición. En algunas partes el hambre y la explotación se han vuelto parásitos, como causa y consecuencia de este mismo capitalismo. ¿Qué sigue? -no creas que en Japón viven en una Democracia- me dijo con gesto serio -son corporaciones, y quizás eso es lo siguiente-. En cualquier caso vivimos subordinados, somos la cola del mundo occidental y muy rara vez tenemos voz. Y si fuese por ponerme más intelectual y más romántica hablaría de nuestra América Latina, porque como bien ha dicho Galeano -y por citar sólo un ejemplo- nuestros mismos productos son los cuchillos y el imperio, el asesino. (a la cabeza, nuestra cabeza, hay líderes tan obtusos como el precedente, un poco más criollos y compasivos...)
SERIA EQUIVALENTE A ABRIR OFICINAS DE INSCRIPCIÓN DE SIMPATIZANTES DE BIN LADEN EN TODA LA REGIÓN. ESO ERA EXACTAMENTE LO QUE EL QUERÍA Y DAÑARÍA MUCHOS DE LOS INTERESES ESTADOUNIDENSES. POR ESO DIERON MARCHA ATRÁS Y OPTARON POR UN "GENOCIDIO SILENCIOSO"(...)
Noam Chomsky, El terror como política exterior de ESTADOS UNIDOS.
Suena, resuena, una versión moderna de adaptación cinematográfica de "All my loving", el zapping me llevó a toparme con la primera edición de Loosing Change, un documental que recoge conclusiones de investigaciones realizadas al ataque del 11 de Septiembre (si me preguntan, hay otro que se llama September Clues que es mejor). Ayer le pedí a mi papá que me explicara algunas cosas del mestizaje que no tenía claras, se sentó en mi cama y la explicación de cinco minutos se transformó rápido en una conversación de hora y media. Me contó, entre muchas otras cosas más, que O'Higgins con San Martín cuando armaron el "ejército libertador" buscaban traer nobles a la entonces incipiente nación e instaurar una monarquía, porque era lo único que conocían, la República podía parecerles con razón y derecho, ajena y compleja. Me dijo que si venía alguien a decirme que íbamos a cambiar la democracia por un sistema nuevo y a pedirme sugerencias probablemente articularía la palabra "representatividad" y "bicameral" más de una vez y eso no es otra cosa que la fuerza de la costumbre. Pero ¿Cómo es posible imaginarse que es lo que viene después? quizás alguien lo había hecho, y eso, los grandes dirigentes debieran haberlo imaginado. El capitalismo que nacía en la Europa del siglo XVI mantuvo y mantiene hasta hoy una cantidad en extremo considerable de naciones estables, si hacemos un balance, el capitalismo ha resultado. Acentuando las desigualdades como las bacterias se multiplican ha hecho crecer las economías mundiales que se atropellan entre sí y ha sobrevivido al temblor de la ambición. En algunas partes el hambre y la explotación se han vuelto parásitos, como causa y consecuencia de este mismo capitalismo. ¿Qué sigue? -no creas que en Japón viven en una Democracia- me dijo con gesto serio -son corporaciones, y quizás eso es lo siguiente-. En cualquier caso vivimos subordinados, somos la cola del mundo occidental y muy rara vez tenemos voz. Y si fuese por ponerme más intelectual y más romántica hablaría de nuestra América Latina, porque como bien ha dicho Galeano -y por citar sólo un ejemplo- nuestros mismos productos son los cuchillos y el imperio, el asesino. (a la cabeza, nuestra cabeza, hay líderes tan obtusos como el precedente, un poco más criollos y compasivos...)
miércoles, 18 de junio de 2008
IW

El miércoles lloviznaba con viento frío, la humedad la podías oler, la podías percibir calándote hondo hasta los huesos. El cerebro funciona mejor así, aunque de seguro estaban los que deseaban volver a un enero soleado de playas y piscinas. Mi casa era el más mágico de los refugios, estaba ardiendo, me sofocaba de un modo respirable. Sonaba en sintonía el Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band, The Beatles siempre ahoga el invierno. Mi mamá hacía ruidos domésticos, el hervidor, el mueble que se abría y se cerraba, el refrigerador.
Me vine sola del colegio a mi casa, caminando con pausas, arrastrando los pies sin gracia por el asfalto mojado. Algunos ya sacaban sus paraguas, otros acababan de caer en cuenta de que el invierno estaba llegando crudo y castigador, unos cuantos no asimilaban la lluvia y se involucraban más y más en su actividad individual. Yo, como muchos, me movía feliz, me colgaba el pelo húmedo y la ropa convenientemente inmune. Las gotas tenues me corrían por la cara, engañosas, separadas por insignificantes milímetros, casi indiferentes al ajetreo de una pequeña ciudad en sus horas pic. Me acordé de un día de verano en la casa de un amigo, estaba acostada en su cama, tapada con una toalla quedándome dormida, él estaba tocando guitarra encima de una alfombra de Elvis, me sonaba a lo lejos una versión rápida de "You're Lost Little Girl" y dibujaba sonrisas débiles entre letargo y conciencia, en el arrebato de nostalgia tomé el celular y le mandé un mensaje, prendí la estufa y de golpe el verano me volvió al cuerpo. No, no soy la única, debo ser sólo una entre muchos.
Al día siguiente la lluvia se dejó caer furiosa, con ventarrones que agitaban árboles y arrancaban techos, la llovizna anterior había sido solo un atisbo de la tormenta. El ruido envolvente y rabioso de un llanto lamentable bailaba mezclándose con un profundo silencio, un silencio furtivo. La lluvia seguía, se detenía, interrumpía sueños y hacía desvariar laboriosas mañanas.
Y volvió a amanecer, el ambiente preso del hielo que sucede al temporal. Las montañas blancas, la respiración agitada, el humo plomizo que sale de la boca entumecida. Lo que se había detenido por la lluvia volvió a ponerse en marcha, esta vez para batallar con el filo del frío.
Tenía los pies congelados, las manos blancas, el pelo esponjado. El invierno siempre te va a alcanzar. -¿Mañana empieza el invierno?- preguntó mi hermana -No, hoy día a las ocho de la noche- contestó mi mamá con voz de locutora radial mientras se echaba el tenedor a la boca. Mi papá detrás utilizaba un tono jurídico para explicarme que no debía tomar mis lecturas tan a pecho, yo me sentía hipnotizada por la estación, tenía los ojos más abiertos, como quien se ingesta las más abundantes infusiones de cafeína a fin de mantenerse despierto, y no se me pasó nada. Si lo que realmente quieren es "optimizarse" vayan a un vídeo, arrienden Singin' in the Rain, métanse a su cama y no salgan de ahí, de lo contrario, enfrenten los vaivenes del mundo y asuman valientemente la imposibilidad humana de confirmar sus estados.
Me vine sola del colegio a mi casa, caminando con pausas, arrastrando los pies sin gracia por el asfalto mojado. Algunos ya sacaban sus paraguas, otros acababan de caer en cuenta de que el invierno estaba llegando crudo y castigador, unos cuantos no asimilaban la lluvia y se involucraban más y más en su actividad individual. Yo, como muchos, me movía feliz, me colgaba el pelo húmedo y la ropa convenientemente inmune. Las gotas tenues me corrían por la cara, engañosas, separadas por insignificantes milímetros, casi indiferentes al ajetreo de una pequeña ciudad en sus horas pic. Me acordé de un día de verano en la casa de un amigo, estaba acostada en su cama, tapada con una toalla quedándome dormida, él estaba tocando guitarra encima de una alfombra de Elvis, me sonaba a lo lejos una versión rápida de "You're Lost Little Girl" y dibujaba sonrisas débiles entre letargo y conciencia, en el arrebato de nostalgia tomé el celular y le mandé un mensaje, prendí la estufa y de golpe el verano me volvió al cuerpo. No, no soy la única, debo ser sólo una entre muchos.
Al día siguiente la lluvia se dejó caer furiosa, con ventarrones que agitaban árboles y arrancaban techos, la llovizna anterior había sido solo un atisbo de la tormenta. El ruido envolvente y rabioso de un llanto lamentable bailaba mezclándose con un profundo silencio, un silencio furtivo. La lluvia seguía, se detenía, interrumpía sueños y hacía desvariar laboriosas mañanas.
Y volvió a amanecer, el ambiente preso del hielo que sucede al temporal. Las montañas blancas, la respiración agitada, el humo plomizo que sale de la boca entumecida. Lo que se había detenido por la lluvia volvió a ponerse en marcha, esta vez para batallar con el filo del frío.
Tenía los pies congelados, las manos blancas, el pelo esponjado. El invierno siempre te va a alcanzar. -¿Mañana empieza el invierno?- preguntó mi hermana -No, hoy día a las ocho de la noche- contestó mi mamá con voz de locutora radial mientras se echaba el tenedor a la boca. Mi papá detrás utilizaba un tono jurídico para explicarme que no debía tomar mis lecturas tan a pecho, yo me sentía hipnotizada por la estación, tenía los ojos más abiertos, como quien se ingesta las más abundantes infusiones de cafeína a fin de mantenerse despierto, y no se me pasó nada. Si lo que realmente quieren es "optimizarse" vayan a un vídeo, arrienden Singin' in the Rain, métanse a su cama y no salgan de ahí, de lo contrario, enfrenten los vaivenes del mundo y asuman valientemente la imposibilidad humana de confirmar sus estados.
martes, 17 de junio de 2008
Saramago, mi día.

Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, ni siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido un fenómeno semejante, que pase un día completo, con todas sus pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera algún fallecimiento por enfermedad, una caída mortal, un suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada. Ni siquiera uno de esos accidentes de automóvil tan frecuentes en ocasiones festivas (...)
José Saramago, Las intermitencias de la muerte.
Esas son las primeras líneas de uno de los mejores libros que he leído este último tiempo, queda completamente recomendado, si quieren sumirse en una de esas embriagadoras lecturas invernales, ¡léanlo!
Hoy día ha hecho mucho frío, un frío invasor y mortal. Y la muerte no se ha detenido como en la precedente ficción, -La vida es frágil- dijo una Profe en una morbosa conversación de camarín, y tiene razón. Así nacen mis ganas de evadirme, de acelerarme, pienso en la única evasión posible: la cinematográfica, impulsada por la promoción de días martes en Blockbuster.
Tengo una tía francesa que se vino a vivir a Chile hace poco, es un espectáculo alucinante de rarezas europeas, me dijo con voz de soñadora que "vivir acá es como retroceder ochenta años en el tiempo" y que estaba aquí precisamente por una supuesta evasión que se planteaba como necesaria en su vida, cambió las calles rimbombantes de Paris por un Santiago sobre poblado que hoy simula ser la Capital de un país que es cualquiera pero no es éste. Entonces me dieron ganas de estudiar en Francia, de vivir en una pieza, de leer Rayuela en un bar escuchando un jazz más o menos estridente, tomando café sin sentir repulsión. Pero me relajé resignada ante lo inevitable, Quilpué resultará siempre más compasivo y hospitalario, y rara vez te pedirá algo a cambio.
José Saramago, Las intermitencias de la muerte.
Esas son las primeras líneas de uno de los mejores libros que he leído este último tiempo, queda completamente recomendado, si quieren sumirse en una de esas embriagadoras lecturas invernales, ¡léanlo!
Hoy día ha hecho mucho frío, un frío invasor y mortal. Y la muerte no se ha detenido como en la precedente ficción, -La vida es frágil- dijo una Profe en una morbosa conversación de camarín, y tiene razón. Así nacen mis ganas de evadirme, de acelerarme, pienso en la única evasión posible: la cinematográfica, impulsada por la promoción de días martes en Blockbuster.
Tengo una tía francesa que se vino a vivir a Chile hace poco, es un espectáculo alucinante de rarezas europeas, me dijo con voz de soñadora que "vivir acá es como retroceder ochenta años en el tiempo" y que estaba aquí precisamente por una supuesta evasión que se planteaba como necesaria en su vida, cambió las calles rimbombantes de Paris por un Santiago sobre poblado que hoy simula ser la Capital de un país que es cualquiera pero no es éste. Entonces me dieron ganas de estudiar en Francia, de vivir en una pieza, de leer Rayuela en un bar escuchando un jazz más o menos estridente, tomando café sin sentir repulsión. Pero me relajé resignada ante lo inevitable, Quilpué resultará siempre más compasivo y hospitalario, y rara vez te pedirá algo a cambio.
lunes, 16 de junio de 2008
One by One
Esto surgió como un desafío, escribir un artículo sobre la generación del noventa, contraponiendo los noventas con la actualidad. Yo nací en el noventa así que seguramente más de alguna gotera testimonial van a encontrar.
El otro día escuché en la televisión que estábamos a las puertas de una nueva era de la liberalidad. Y claro, el deslenguamiento generacional celebra una "libertad" que desde hace algún tiempo viene peleando por estar a la altura de esta inmensa actualidad. Al parecer lo está logrando, y el concepto de libertad se está encarnando de a poco en la sociedad. Los noventas trajeron consigo una explosión popera en el mundo entero, parámetros estéticos sobre actuados, pornografía muy poco artística y un entonces exagerado destape. Juego de niños, si lo comparamos con el 2000. En términos muy generales los noventas marcaron el final de prácticas políticas muy gastadas y el incremento acelerado de la globalización y la popularización de Internet. Nunca hasta esa década había sido tan grande el poder de la comunicación. Los jóvenes de hoy están pagando el precio de haberse desarrollado observados y analizados por esos inmensos anteojos vinoculares que son los medios de comunicación. Mi generación creció expectante ante la larga permanencia de Titanic en las carteleras locales, un Chile, y un mundo rodeado por un clima musical aplastante que se desplazaba con gracia desde las Spice Girls hasta los BackStreet Boys, pasando por todos sus derivados, Madonna, Michael Jackson e innumerables experimentos anglosajones.A Chile llegó el efecto hipnotizante del TV cable y con eso todas las influencias norte americanas a la mano. Los partidos de la NBA, las noticias de CNN, el ascenso y la caída del grunge. ¿Quién no vió alguna vez Tres por Tres, seguido de Paso a Paso y El Príncipe del Rap?. El Break Dance, el Súper Nintendo, Los Archivos Secretos X, MTV, las faldas cuadrille, las famosas chasquillas "araña", las zapatillas con luces, Los caballeros del Zodiaco. Pamela Anderson y el infaltable erotismo implícito de los Guardianes de la Bahía. Probablemente todos los que vivimos esta década tengamos en alguna parte de nuestra retina la publicidad pegajosa de Coca Cola y la crisis noticiosa tras la muerte de Lady Di ¿Y acaso, todas estas cosas no están perfectamente almacenadas en la memoria colectiva y de forma automática activan nuestros recuerdos noventeros más profundos?. Hoy no importa hacia que ciudad queramos evadirnos, de igual forma nos veremos caminando entre una fauna de tribus urbanas y las más degradantes mescolanzas estilísticas. Ya se derribaron violentamente las puertas rupestres que alguna vez acallaron a la juventud. No fue hecho de la mejor manera, pero fue hecho y eso algún mérito debe acarrear. Ahí surgen las diferencias generacionales, que los jóvenes del ochenta no son los mismos que los del noventa ni mucho menos que los del 2000. La generación del noventa padece de un temible nihilismo que se encuentra en una posición limítrofe, un nihilismo enmascarado por rebeldías pasajeras, oculto tras una supuesta conciencia social heredada de nuestros padres. Un nihilismo protegido por los muros intraspasables de la ignorancia y la desinformación. Por supuesto que llevamos el pandero de los que "no admiten nada como posible" e hicimos germinar este mal en las condiciones propicias para su máxima expresión. Los hijos del noventa hoy vivimos en el 2000, nacimos bajo el "generoso" alero de la democracia, hemos tenido una miserable educación política, y así, hemos ido asimilando esta "libertad" y ocupándola a nuestro antojo.
El otro día escuché en la televisión que estábamos a las puertas de una nueva era de la liberalidad. Y claro, el deslenguamiento generacional celebra una "libertad" que desde hace algún tiempo viene peleando por estar a la altura de esta inmensa actualidad. Al parecer lo está logrando, y el concepto de libertad se está encarnando de a poco en la sociedad. Los noventas trajeron consigo una explosión popera en el mundo entero, parámetros estéticos sobre actuados, pornografía muy poco artística y un entonces exagerado destape. Juego de niños, si lo comparamos con el 2000. En términos muy generales los noventas marcaron el final de prácticas políticas muy gastadas y el incremento acelerado de la globalización y la popularización de Internet. Nunca hasta esa década había sido tan grande el poder de la comunicación. Los jóvenes de hoy están pagando el precio de haberse desarrollado observados y analizados por esos inmensos anteojos vinoculares que son los medios de comunicación. Mi generación creció expectante ante la larga permanencia de Titanic en las carteleras locales, un Chile, y un mundo rodeado por un clima musical aplastante que se desplazaba con gracia desde las Spice Girls hasta los BackStreet Boys, pasando por todos sus derivados, Madonna, Michael Jackson e innumerables experimentos anglosajones.A Chile llegó el efecto hipnotizante del TV cable y con eso todas las influencias norte americanas a la mano. Los partidos de la NBA, las noticias de CNN, el ascenso y la caída del grunge. ¿Quién no vió alguna vez Tres por Tres, seguido de Paso a Paso y El Príncipe del Rap?. El Break Dance, el Súper Nintendo, Los Archivos Secretos X, MTV, las faldas cuadrille, las famosas chasquillas "araña", las zapatillas con luces, Los caballeros del Zodiaco. Pamela Anderson y el infaltable erotismo implícito de los Guardianes de la Bahía. Probablemente todos los que vivimos esta década tengamos en alguna parte de nuestra retina la publicidad pegajosa de Coca Cola y la crisis noticiosa tras la muerte de Lady Di ¿Y acaso, todas estas cosas no están perfectamente almacenadas en la memoria colectiva y de forma automática activan nuestros recuerdos noventeros más profundos?. Hoy no importa hacia que ciudad queramos evadirnos, de igual forma nos veremos caminando entre una fauna de tribus urbanas y las más degradantes mescolanzas estilísticas. Ya se derribaron violentamente las puertas rupestres que alguna vez acallaron a la juventud. No fue hecho de la mejor manera, pero fue hecho y eso algún mérito debe acarrear. Ahí surgen las diferencias generacionales, que los jóvenes del ochenta no son los mismos que los del noventa ni mucho menos que los del 2000. La generación del noventa padece de un temible nihilismo que se encuentra en una posición limítrofe, un nihilismo enmascarado por rebeldías pasajeras, oculto tras una supuesta conciencia social heredada de nuestros padres. Un nihilismo protegido por los muros intraspasables de la ignorancia y la desinformación. Por supuesto que llevamos el pandero de los que "no admiten nada como posible" e hicimos germinar este mal en las condiciones propicias para su máxima expresión. Los hijos del noventa hoy vivimos en el 2000, nacimos bajo el "generoso" alero de la democracia, hemos tenido una miserable educación política, y así, hemos ido asimilando esta "libertad" y ocupándola a nuestro antojo.
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Fui a Viña a cambiar un abrigo que me habían regalado -si es que a eso puede llamársele abrigo- por otro abrigo verdaderamente abrigado que me coopere de alguna manera en la difícil tarea de salir invicta de este invierno.Después de hacer la transacción correspondiente caminé por la feria artesanal que está al frente de la playa, un desfile de paños y gorros y guantes y aros y todo tipo de artesanía. Uno se pierde queriendo buscar algo específico, el desorden hippie que envuelve las ferias artesanales no es la mejor estrategia para vender y uno piensa que los "lana" originales de los ochenta debieran haberlo previsto, estaba oscuro y corría un viento al que era imposible adivinarle la dirección. Después fui a esperar la micro, debo haber estado como una hora esperando, no pasaba ninguna micro que fuera a Peña Blanca, el "sapo" me dijo que era por el partido, estaba tan chata que llame al mono para que me acompañara por teléfono, pero él tiene ese maldito defecto de hablar sólo para entenderse él mismo, de hablar hacia adentro, yo creo que le daba lo mismo si yo que estaba parada al medio de una jungla de rugidos entendía lo que me estaba diciendo. Así que le corté no más, después me llamo de nuevo y ahí le expliqué un par de cosas y escuché sonriente sus deseos de que pudiera llegar luego a mi casa. Después de cortar deben haber pasado como quince minutos más hasta que por fin apareció una micro útil entre tanto recorrido a Placilla y la Plaza de Viña, yo me subí al tiro sin fijarme si me iba a ir parada o sentada. Obvio que me fui parada, yo creo que ese es el precio de vivir en el interior y no tener auto. Dicen que Viña es la ciudad más bonita de Chile, yo creo que lo es, algo de maravilloso tiene que tener caminar despreocupadamente por sus rincones. La micro iba llenísima, a mi lado unos niños conversaban sobre los ramos de la universidad, llevaban unos bolsos gigantescos y un computador, me sentí perdida, cuando por fin me pude sentar me senté al medio de una niñita y sus papás. Así que podrán ustedes mismos imaginarse por lo que pasé, la niñita estaba recién aprendiendo a escribir y me hacía pasarle esquelas de barbie con mensajitos a cada rato a su papá. Yo iba enferma. Una señora de más allá se había subido un poco después que yo y no había parado de hablar ni un sólo minuto, se sabía todas las recetas de memoria, citó autores de libros de cocina, dijo innumerables veces la palabra "curry" y todo lo relacionado con el curry. Llevaba mareada a la niña con la que iba, le preguntaba cosas de cocina, y hasta le dio una receta para hacer de todas sus comidas potenciales afrodisíacos. Me tenía el estomago revuelto. En ningún momento le había visto la cara a la señora, yo sabía que estaba dos asientos más allá del mío y aún así sentía mi espacio invadido, siguió hablando de las comidas japonesas, españolas, brasileñas y de pronto escupió la que fue seguramente la frase más insólita de mi viaje, dijo que a ella no le importaba la cocina, que no entendía a las personas que tenían todas las recetas y las re leían, fue escueta para explicar que la gastronomía le era indiferente y dio todo por terminado. Estoy segura que los papás de la niñita se sintieron igual de desconcertados que yo cuando escucharon esa afirmación -¡Qué absurdo!- pensé. Le debía veinte pesos al chofer y el transporte chileno ahora no puede seguir vendiéndose sin tu aporte así que a punta de tropiezo tuve que pararme a dejárselos. Cuando por fin iba llegando a mi paradero, todos los personajes precedentes se sumieron en el más hondo de los silencios, la niñita dejó de hablar sola, los papás dejaron de hablar entre ellos y la señora con el destape culinario finalmente había parado la lengua. Yo estaba aliviada porque me tenía que bajar pero al mismo tiempo tenía ganas de quedarme ahí, de abrir el bolso, sacar mis audífonos, un libro y disfrutar de la calma que siempre está implícita en los viajes fríos y solitarios de la locomoción colectiva.
By José
Mi amigo José Luis rindiéndole honores a su espléndida facultad de ser un hombre directo, me pidió que publicara acá lo que había escrito. Complacida publicaría cualquier texto de su autoría, pero éste mucho más, porque pese a ser un vivo retrato de la masculinización adolescente, resulta sustancioso y legible y demuestra su pasión por el género femenino.
Encontrándome yo caminando con mi gran y conocedor amigo Fabián, salió a flote nuestro tema favorito (o el mío al menos): mujeres.¿Cómo puede algo tan natural (por no decir normal) como la relación hombre-mujer y viceversa “apasionarnos” tanto? Eso, es solo una pequeña parte de un gran, gran misterio (no desespere, no hablare sobre el por que de las idas al baño en grupo).Yo, me considero un hombre relativamente afortunado en lo que a mujeres respecta, puedo “conseguirlas”, quererlas, agasajarlas pero nunca entenderlas. Es que simplemente cuando pienso “todo esta bien” hacen algo para mandar al reverendo carajo todo, y lo peor es que esto se da a todo nivel de relación hombre-mujer.Un pequeño caso, llego a mi casa contando las buenas nuevas a mi madre y esta con tan solo una mirada me destruye, y empieza su discurso: “por qué saliste tan tarde de la casa, apuesto que llegaste tarde al colegio, que segurito me citaron, ¡¡¡QUE NO LEVANTES LA VOZ CARAMBA!!!...” listo, todo mal, ¡y de la nada!.Bueno, a veces tiendo a ver solamente mi visión de las cosas pero no siempre es así, otro caso: tengo una chica, de verdad trato siempre de darle lo mejor y tratarla con el respeto, el cariño y la atención que se merece. Todo está bien. Pero una cosa mínima, tan mínima como el “por que no me hablara por MSN” me hace pensar que algo anda mal. Un sin fin de interrogantes pasan por mi mente: ¿hice algo malo? ¿Perdió el interés? ¿Ya no soy de su gusto? ¿¡Tiene a otro!? Todo está mal.¿Cuál, de verdad cuál es el afán que tienen de hacernos ese tipo de cosas? Enserio, no nos gustan los desafíos, si cada uno sabe lo que quiere, y a los que tenemos la misma edad nos es casi lo mismo (no voy a especificar).Solamente haré un llamado a ustedes, mujeres, jovencitas, pubertas, niñas (de 14) que leen: PAREN DE HACERNOS ESTO. Nosotros tenemos tanto miedo como ustedes, tantas dudas como ustedes, tantas ganas como ustedes. Estamos en igualdad de condiciones. Así que por favor, dejémonos de tonteras y hagamos de éste un mundo más fácil y feliz.
Saludos!”Rocks!” y su reseña sesual.
Encontrándome yo caminando con mi gran y conocedor amigo Fabián, salió a flote nuestro tema favorito (o el mío al menos): mujeres.¿Cómo puede algo tan natural (por no decir normal) como la relación hombre-mujer y viceversa “apasionarnos” tanto? Eso, es solo una pequeña parte de un gran, gran misterio (no desespere, no hablare sobre el por que de las idas al baño en grupo).Yo, me considero un hombre relativamente afortunado en lo que a mujeres respecta, puedo “conseguirlas”, quererlas, agasajarlas pero nunca entenderlas. Es que simplemente cuando pienso “todo esta bien” hacen algo para mandar al reverendo carajo todo, y lo peor es que esto se da a todo nivel de relación hombre-mujer.Un pequeño caso, llego a mi casa contando las buenas nuevas a mi madre y esta con tan solo una mirada me destruye, y empieza su discurso: “por qué saliste tan tarde de la casa, apuesto que llegaste tarde al colegio, que segurito me citaron, ¡¡¡QUE NO LEVANTES LA VOZ CARAMBA!!!...” listo, todo mal, ¡y de la nada!.Bueno, a veces tiendo a ver solamente mi visión de las cosas pero no siempre es así, otro caso: tengo una chica, de verdad trato siempre de darle lo mejor y tratarla con el respeto, el cariño y la atención que se merece. Todo está bien. Pero una cosa mínima, tan mínima como el “por que no me hablara por MSN” me hace pensar que algo anda mal. Un sin fin de interrogantes pasan por mi mente: ¿hice algo malo? ¿Perdió el interés? ¿Ya no soy de su gusto? ¿¡Tiene a otro!? Todo está mal.¿Cuál, de verdad cuál es el afán que tienen de hacernos ese tipo de cosas? Enserio, no nos gustan los desafíos, si cada uno sabe lo que quiere, y a los que tenemos la misma edad nos es casi lo mismo (no voy a especificar).Solamente haré un llamado a ustedes, mujeres, jovencitas, pubertas, niñas (de 14) que leen: PAREN DE HACERNOS ESTO. Nosotros tenemos tanto miedo como ustedes, tantas dudas como ustedes, tantas ganas como ustedes. Estamos en igualdad de condiciones. Así que por favor, dejémonos de tonteras y hagamos de éste un mundo más fácil y feliz.
Saludos!”Rocks!” y su reseña sesual.
¿Así?
La otra noche hablé con la Graciela, mi mejor amiga, sobre todas las posibilidades académicas que tropiezan en mi cabeza para el próximo año, es divertido como en esta fecha en la que todo está próximo a ocurrir uno se sorprende trazando estadísticas y planeando una actuación acorde para cada ínfima expresión de éxito o fracaso. No me extrañaría si alguien confesara que se imagina a sí mismo al frente de la pantallita mágica el día de los resultados descubriendo con euforia que es puntaje nacional. Y en ese mismo sentido "especular" siempre va a ser una sustracción. La Graciela estudia la posibilidad de irse a probar suerte al norte, y cuando digo norte lo digo en un sentido amplio y mundial. Yo estoy cegada con que todo es comunicarse y hasta "amar es comunicarse" así que nisiquiera me he planteado estudiar algo que no sea lo que realmente he querido estudiar desde chica y mis ganas de hacerlo se han vuelto casi parasitarias, me di cuenta ese día, fue la Universidad de Viña del Mar a entregar folletos, y cuando terminó la típica charla universitaria dictada por unas Pelo Lais estudiantes de Psicología había una mesita de la que se podían sacar mallas curriculares de acuerdo a tú interés personal, yo me tiré encima de las que decían "Escuela de Comunicaciones", saqué una, me puse a leerla y dejé de escuchar al resto un ratito como siempre pasa cuando me concentro mucho. Es hasta un poco espeluznante la claridad que surge con cosas como esa. Parece que el frío es una excusa para ponerse intelectual porque cada conversación de msn que hoy día ha empezado con un "hace frío" ha terminado siendo un esbozo de algo más profundo, esbozo porque no ha llegado a tomar forma a causa de mis pocas ganas de dialogar seriamente. Obvio que hace frío, y ha hecho frío todo el día. Yo he sentido ese frío en todas las partes de mi cuerpo y por esos mismos motivos he despotricado con rabia contra mi feminidad. Lo bueno del frío es que con él me es absolutamente imposible dudar de mi estado vital. Y así, Quilpué se hace enorme y esclavista, Valparaíso lejano y Santiago indeseable.
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