lunes, 13 de octubre de 2008


El consenso neoliberal de Washingtong es un conjunto de principios favorables al mercado diseñados por el gobierno de Estados Unidos y las instituciones financieras internacionales que éste domina en buena medida, puestos por ellos en práctica de diversas maneras: para las sociedades más vulnerables, a menudo en forma de rigurosos programas de ajuste estructural. Las reglas fundamentales, dichas en breve, son: liberalizar el comercio y las finanzas, dejar que los mercados creen los precios, acabar con la inflación y privatizar.


El beneficio es lo que cuenta, Neoliberalismo y orden global, Noam Chomsky.


Ahora, en contexto, el panorama de seguro les parece familiar. Entiéndanse los rigurosos programas de ajuste estructural como la Doctrina Monroe, por ejemplo. El fin último es siempre estabilizar y la estabilidad en este caso particular es con espantosa frecuencia beneficiar a las minorías acaudaladas. Ya algunos entendieron que era posible incluso desestabilizar para estabilizar, así, Washington tuvo que desestabilizar, derrocar, desintegrar, el gobierno marxista democráticamente elegido de Chile porque dijeron -con palabras exactas- que estaban decididos a buscar la estabilidad, Chile se mostraba como un virus que debía eliminarse con rapidez para que no hiciera proliferar el erróneo mensaje de la viabilidad del cambio social. Entonces, visto así, nada es más anti democrático que el capitalismo, ya lo era desde los tiempos de Adam Smith. Y sigue siéndolo hoy, cuando los manejos deplorables de nuestro centro financiero extranjero empiezan a hacer crujir a lo lejos nuestra maltratada economía, y no hay nada que hacer además de cruzarse de brazos y esperar con estúpida paciencia por las turbulencias. Pero el discurso nos invita amablemente a no desesperar, mal que mal, el capitalismo, como la política, no es la ética de los principios, si no, muy por el contrario, la ética de las consecuencias.