Esto surgió como un desafío, escribir un artículo sobre la generación del noventa, contraponiendo los noventas con la actualidad. Yo nací en el noventa así que seguramente más de alguna gotera testimonial van a encontrar.
El otro día escuché en la televisión que estábamos a las puertas de una nueva era de la liberalidad. Y claro, el deslenguamiento generacional celebra una "libertad" que desde hace algún tiempo viene peleando por estar a la altura de esta inmensa actualidad. Al parecer lo está logrando, y el concepto de libertad se está encarnando de a poco en la sociedad. Los noventas trajeron consigo una explosión popera en el mundo entero, parámetros estéticos sobre actuados, pornografía muy poco artística y un entonces exagerado destape. Juego de niños, si lo comparamos con el 2000. En términos muy generales los noventas marcaron el final de prácticas políticas muy gastadas y el incremento acelerado de la globalización y la popularización de Internet. Nunca hasta esa década había sido tan grande el poder de la comunicación. Los jóvenes de hoy están pagando el precio de haberse desarrollado observados y analizados por esos inmensos anteojos vinoculares que son los medios de comunicación. Mi generación creció expectante ante la larga permanencia de Titanic en las carteleras locales, un Chile, y un mundo rodeado por un clima musical aplastante que se desplazaba con gracia desde las Spice Girls hasta los BackStreet Boys, pasando por todos sus derivados, Madonna, Michael Jackson e innumerables experimentos anglosajones.A Chile llegó el efecto hipnotizante del TV cable y con eso todas las influencias norte americanas a la mano. Los partidos de la NBA, las noticias de CNN, el ascenso y la caída del grunge. ¿Quién no vió alguna vez Tres por Tres, seguido de Paso a Paso y El Príncipe del Rap?. El Break Dance, el Súper Nintendo, Los Archivos Secretos X, MTV, las faldas cuadrille, las famosas chasquillas "araña", las zapatillas con luces, Los caballeros del Zodiaco. Pamela Anderson y el infaltable erotismo implícito de los Guardianes de la Bahía. Probablemente todos los que vivimos esta década tengamos en alguna parte de nuestra retina la publicidad pegajosa de Coca Cola y la crisis noticiosa tras la muerte de Lady Di ¿Y acaso, todas estas cosas no están perfectamente almacenadas en la memoria colectiva y de forma automática activan nuestros recuerdos noventeros más profundos?. Hoy no importa hacia que ciudad queramos evadirnos, de igual forma nos veremos caminando entre una fauna de tribus urbanas y las más degradantes mescolanzas estilísticas. Ya se derribaron violentamente las puertas rupestres que alguna vez acallaron a la juventud. No fue hecho de la mejor manera, pero fue hecho y eso algún mérito debe acarrear. Ahí surgen las diferencias generacionales, que los jóvenes del ochenta no son los mismos que los del noventa ni mucho menos que los del 2000. La generación del noventa padece de un temible nihilismo que se encuentra en una posición limítrofe, un nihilismo enmascarado por rebeldías pasajeras, oculto tras una supuesta conciencia social heredada de nuestros padres. Un nihilismo protegido por los muros intraspasables de la ignorancia y la desinformación. Por supuesto que llevamos el pandero de los que "no admiten nada como posible" e hicimos germinar este mal en las condiciones propicias para su máxima expresión. Los hijos del noventa hoy vivimos en el 2000, nacimos bajo el "generoso" alero de la democracia, hemos tenido una miserable educación política, y así, hemos ido asimilando esta "libertad" y ocupándola a nuestro antojo.
lunes, 16 de junio de 2008
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