miércoles, 18 de junio de 2008

IW


El miércoles lloviznaba con viento frío, la humedad la podías oler, la podías percibir calándote hondo hasta los huesos. El cerebro funciona mejor así, aunque de seguro estaban los que deseaban volver a un enero soleado de playas y piscinas. Mi casa era el más mágico de los refugios, estaba ardiendo, me sofocaba de un modo respirable. Sonaba en sintonía el Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band, The Beatles siempre ahoga el invierno. Mi mamá hacía ruidos domésticos, el hervidor, el mueble que se abría y se cerraba, el refrigerador.
Me vine sola del colegio a mi casa, caminando con pausas, arrastrando los pies sin gracia por el asfalto mojado. Algunos ya sacaban sus paraguas, otros acababan de caer en cuenta de que el invierno estaba llegando crudo y castigador, unos cuantos no asimilaban la lluvia y se involucraban más y más en su actividad individual. Yo, como muchos, me movía feliz, me colgaba el pelo húmedo y la ropa convenientemente inmune. Las gotas tenues me corrían por la cara, engañosas, separadas por insignificantes milímetros, casi indiferentes al ajetreo de una pequeña ciudad en sus horas pic. Me acordé de un día de verano en la casa de un amigo, estaba acostada en su cama, tapada con una toalla quedándome dormida, él estaba tocando guitarra encima de una alfombra de Elvis, me sonaba a lo lejos una versión rápida de "You're Lost Little Girl" y dibujaba sonrisas débiles entre letargo y conciencia, en el arrebato de nostalgia tomé el celular y le mandé un mensaje, prendí la estufa y de golpe el verano me volvió al cuerpo. No, no soy la única, debo ser sólo una entre muchos.
Al día siguiente la lluvia se dejó caer furiosa, con ventarrones que agitaban árboles y arrancaban techos, la llovizna anterior había sido solo un atisbo de la tormenta. El ruido envolvente y rabioso de un llanto lamentable bailaba mezclándose con un profundo silencio, un silencio furtivo. La lluvia seguía, se detenía, interrumpía sueños y hacía desvariar laboriosas mañanas.
Y volvió a amanecer, el ambiente preso del hielo que sucede al temporal. Las montañas blancas, la respiración agitada, el humo plomizo que sale de la boca entumecida. Lo que se había detenido por la lluvia volvió a ponerse en marcha, esta vez para batallar con el filo del frío.
Tenía los pies congelados, las manos blancas, el pelo esponjado. El invierno siempre te va a alcanzar. -¿Mañana empieza el invierno?- preguntó mi hermana -No, hoy día a las ocho de la noche- contestó mi mamá con voz de locutora radial mientras se echaba el tenedor a la boca. Mi papá detrás utilizaba un tono jurídico para explicarme que no debía tomar mis lecturas tan a pecho, yo me sentía hipnotizada por la estación, tenía los ojos más abiertos, como quien se ingesta las más abundantes infusiones de cafeína a fin de mantenerse despierto, y no se me pasó nada. Si lo que realmente quieren es "optimizarse" vayan a un vídeo, arrienden Singin' in the Rain, métanse a su cama y no salgan de ahí, de lo contrario, enfrenten los vaivenes del mundo y asuman valientemente la imposibilidad humana de confirmar sus estados.

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