sábado, 23 de agosto de 2008

El fantasma inflacionario que ha debido combatir nuestro actual gobierno ha sido el mismo verdugo terrorífico que han tenido que combatir todos los gobiernos anteriores. La situación es alarmante. En las calles se dispersa determinante la idea popular de que estamos en crisis mientras que nuestros creíbles representantes niegan convenientemente la afirmación, sonríen escuetos y hacen alusión a una supuesta situación de prosperidad. A decir verdad, ambas partes están en lo cierto, el problema de nuestra economía es a nivel micro, no macro. Pero la crisis alimentaria crece exponencialmente en nuestras narices.
Hambre, en alguna de sus célebres acepciones, es la escasez de alimentos básicos. Y escasez vendría a ser la insuficiencia de lo necesario para vivir. En tiempos de crisis en el mundo entero se desperdician alimentos de las formas más aberrantes, seguimos aferrándonos a la ilusión de la abundancia. Reducir el desperdicio sería una de las vías menos violentas para erradicar el hambre. En México la despreocupación es tal, que se desperdicia en promedio un 20% de los alimentos en la transacción productor-consumidor, informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) declaran que este hecho se da mayoritariamente en el consumo de frutas y cereales. Si se reciclara este alimento se alimentaría conscientemente a alrededor de cuarenta mil personas.
En Gran Bretaña -por citar sólo un ejemplo- se desperdician cada año más de cuatro millones de toneladas de alimento, en su mayoría alimentos poseedores de altos niveles de carbohidratos y proteínas como las papas y el pan. Cuatro millones de toneladas que podrían saciar el hambre de ciudades completas.
En Estados Unidos la cadena es tan desequilibrada que un 50% de los alimentos cosechados anualmente se pierde antes de ser consumido. Según un estudio de la Universidad de Arizona ésta comida podría servir para alimentar a todos los desnutridos de los Estados Unidos de América, que aunque parezca absurdo, existen.
El alza en los precios no es un problema chileno: En Panamá, Perú, Colombia, Venezuela y Bolivia los precios de los alimentos también superan a los precios generales. Sin embargo, incluso con el lúgubre panorama, se presenta categórica otra idea clara y distinta: pese a que el disparo excesivo de los precios es una amenaza, constituye a su vez una oportunidad, América Latina consume y produce materias primas, por lo tanto, si el precio crece, crece también el impulso para las exportaciones. De ahí que el problema es a nivel micro, y no macro, las autoridades no se equivocan cuando establecen que éste es un momento brillante para la economía, aun sin hacer hincapié en cuál es el costo de dicha brillantez y en quiénes son los que lo pagan a diario.Los proyectos para reducir los índices de desnutrición son promisorios a lo largo del planeta, pero no pasan de ser promesas.
El 2007 el hambre cobró 50 millones de víctimas más que en los años anteriores. Los conglomerados de dirigentes se reúnen a proponer ideas de difícil ejecución y los habitantes de estas tierras magníficas continúan esperando famélicos por una solución.
Se lee soñador e idealista, pero el mensaje además de sencillo es necesario. Cuando nos llegan realidades como ésta sin anestesia, la concepción del mundo como un lugar hostil puede infiltrársenos ágil y sin digerir. El problema va mucho más allá de las cifras que se leen en los supermercados locales.Acabar con el hambre es posible. América Latina y el caribe cuentan con recursos humanos de sobra y con más recursos naturales que cualquier otra región del mundo. Terminar con la pobreza es un objetivo ambicioso si aún no se termina con el hambre.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos propugna que la alimentación es un derecho. El hambre entorpece el desarrollo de las naciones, ensucia la democracia, cuestiona la ciudadanía y es un crimen.
El primer Objetivo del Milenio es reducir el hambre a la mitad para el 2015. Las autoridades debieran replantearse el desafío con más fuerza y más voluntad, el cometido debiera ser el de acabar con el hambre por completo y no a medias, hambre cero. Para que las políticas sociales sean efectivas a nivel global se deben implementar desde adentro, el progreso como fin sólo es alcanzable con la conciencia como medio y la conciencia sólo se crea con la información.
El 15 de Diciembre del 2006 se anunció por primera vez que Chile iba a contribuir con el hambre y la pobreza mundial. La Ley Nº 20.138 establece que los aportes se convendrían como parte de iniciativas internacionales y se canalizarían por medio de los fondos, programas y agencias del sistema de las Naciones Unidas. Estos aportes comenzarían a realizarse desde la fecha en que entren en vigencia los acuerdos correspondientes. Chile realiza aportes de hasta cinco millones de dólares anuales en la guerra contra la pobreza y la desnutrición pero tristemente no informa a sus habitantes sobre los vaivenes de ésta lucha. La población chilena de hoy es una de las más inconscientes y egoístas de nuestro continente.

domingo, 17 de agosto de 2008

Un fenómeno que estos últimos días ha tomado algo de fuerza en nuestro país, más específicamente en la capital, es la respuesta violenta que se ocupa de parte de los ciudadanos comunes y silvestres frente a los famosísimos lanzas callejeros. Los medios la critican, defienden una posición pacifista frente a la inseguridad que domina a la gente al salir a la calle un día normal a plena luz del día, dicen que la gente debe tomar otro modo de enfrentar la situación, o sea, verse como una masa indefensa, lista para ser asaltada, lanceada, abusada. Está bien… opino que para que para que a una persona le roben en el centro de su ciudad debe ser un idiota, es estúpido no saber todas las cosas que ocurren en nuestro hábitat y no tomar las precauciones necesarias, pero es indigno que la población deba estar asustadiza por la delincuencia impune a plena luz del día, y es ahí donde esta entra a tomar un papel fundamental, el descontento se traduce en violencia, no hacia la policía, ni hacia el gobierno, sino que hacia los mismos flaites que sobrevuelan ciudad buscando carroña para salvarse: un celular, una cartera, una billetera, un mp3, lo importante no es el objeto, sino el miedo y la humillación, y eso es lo que se busca detener, quizás ni siquiera se busca detenerlo, quizás es solo venganza, pero bastante sirve, como ejemplo pongo el caso del lanza de mitad de semana, que se meo en los pantalones por las represalias de la población, y bastante le pegaron señores, claro, porque lo torturaron hasta que la policía llego - y sabemos que la yuta jamás llega para proteger, y siempre llega a tiempo para corretear - supongo que el lolo de 16, y sus amigos van a tener mas cuidado cando quieran salvarse con pertenencias ajenas, y así se levanta una población, que frente a la nula acción de las fuerzas de protección toma la justicia por sus propias manos, y hoy, yo, quien menos aprueba la respuesta violenta lo aplaudo.

Por Diego Urtubia.


Mi reflexión, aunque básica, es que la violencia genera más violencia. No dejen que les metan el dedo en la boca.

viernes, 8 de agosto de 2008

Dear


(...) el petróleo es la riqueza más monopolizada del sistema capitalista. No hay empresarios que disfruten del poder político que ejercen, en escala universal, las grandes corporaciones petroleras. La Standard Oil y la Shell levantan y destronan reyes y presidentes, financian conspiraciones palaciegas y golpes de estado, disponen de innumerables generales, ministros y James Bonds y en todas las comarcas y en todos los idiomas deciden el curso de la guerra y la paz...
Con el petróleo ocurre, como ocurre con el café o con la carne, que los países ricos ganan mucho más tomándose el trabajo de consumirlo que los países pobres por producirlo. La diferencia es de diez es a uno...


Eduardo Galeano, Las fuentes subterráneas del poder, La venas abiertas de América Latina.


Expuso con claridad que en 1964 Castelo Branco, dictador brasileño, cedió a la Hanna Mining Co. el más importante yacimiento de hierro de Brasil.
Poco tiempo después, el embajador de los Estados Unidos concedió a la Bethlehem Steel cuarenta millones de toneladas de manganeso a cambio de un miserable 4% para el estado por sobre los ingresos de importación. Para entonces, la economía brasileña crujía.
Potosí en Bolivia, Zacatecas en México, Minas Gerais en Brasil, resultan ejemplos explicativos de la impericia de algunos dirigentes a la hora de dirigir, valga la redundancia. Los saqueos descarados que tuvieron lugar en la edad moderna seguían teniendo entidad en la segunda mitad del siglo pasado: El petróleo estadounidense gozaba de un precio alto, mientras que el petróleo venezolano -que le proporcionó ganancias astronómicas a la Standard Oil de Nueva Jersey- decaía tristemente. Al tiempo que Galeano escribía sus páginas América Latina seguía siendo un lucrativo negocio extranjero. Y todavía.
La reflexión es sencilla -no quiero extenderme ni asomar tendencias políticas que no tengo-: Los pueblos no tienen memoria.

miércoles, 6 de agosto de 2008


Josué de Castro declara -Yo, que he recibido un premio internacional de la paz, pienso que, infelizmente, no hay otra solución que la violencia para América Latina-. Ciento veinte niños se agitan en el centro de esta tormenta. La población de América Latina crece como ninguna otra, en menos de medio siglo se triplicó con creces. Cada minuto muere un niño de enfermedad o de hambre, pero en el año 2000 habrá seiscientes cincuenta millones de latinoamericanos y la mitad tendrá menos de quince años: una bomba de tiempo.
Entre los doscientos ochenta millones de latinoamericanos hay, a fines de 1970, cincuenta millones de desocupados o subocupados y cerca de cien millones de analfabetos; la mitad de los latinoamericanos vive apiñada en viviendas insalubres. Los tres mayores mercados de América Latina -Argetina, Brazil y México- no alcanzan a igualar, sumados, la capacidad de consumo de Francia o de Alemania occidental, aunque la población reunida de estos tres grandes, excede largamente a la de cualquier país europeo. América Latina produce hoy día, en relación con la población, menos alimentos que antes de la última guerra mundial, y sus exportaciones per cápita han disminuido tres veces, a precios constantes, desde la víspera de la crisis 1929.
Nuevas fábricas se instalan en los polos privilegiados del desarrollo -San Pablo, Buenos Aires, Ciudad de México- pero menos mano de obra se necesita cada vez.
El sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente. Y la gente se reproduce. Se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. Cada vez queda más gente a la vera del camino, sin trabajo en el campo y sin trabajo en la ciudad, el sistema vomita hombres. Las misiones norteamericanas esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, espirales, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños, porfiadamente, los niños latinoamericanos continúan naciendo, reivindicando su derecho natural a obtener un sitio bajo el sol de estas tierras espléndidas que podrían brindar a todos lo que a casi todos niegan.


Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina.


Hace treinta y ocho años Galeano no estaba equivocado. La situación empeoró, el hambre en América Latina crece a velocidades incalculables. Según los últimos informes de la FAO cincuenta y cuatro millones de personas sufren de desnutrición y avitaminosis crónica en la región. Los crímenes que se suscitan en nuestros sectores más periféricos son silenciosos, los que controlan los medios de difusión lo saben y preveen el caos colectivo acallando los llamados de auxilio de los que verdaderamente ya no tienen qué comer. Es mucho más fácil enfrentar a los cuerpos sin vida que genera la hambruna que a los cuerpos con vida portadores de mentes conscientes. La información existe pero la prensa amarillista no se encarga de hacerla proliferar. Está al alcance del que quiera, pero la disidencia social y el partidismo tóxico de los que llevan el pandero de las naciones la estanca y la inutiliza. A los noticiarios comunes se les van treinta de cincuenta y cinco minutos sirviendo de informadores superficiales entre noticias deportivas y crónica roja. Sube el pan, la bencina y el pasaje de la micro, mientras el 10% de todos los habitantes de América latina se va a la cama con hambre.

http://americasinhambre.blogspot.com/2007_11_01_archive.html
Ese es el blog de la iniciativa de la FAO para erradicar el hambre, ¡veanlo!

domingo, 3 de agosto de 2008

Habitat For Humanity

Me bajé cerca del muelle Pratt, sobresalía imponente el monumento de los héroes navales mientras el mar ondeaba enredándose con minúsculos rayitos de sol. Caminé bordeando lo que por estos días es un moderno estacionamiento subterráneo al que entran autos último modelo dispuestos a pagar treinta y cuatro pesos por minuto aun habiendo estacionamientos gratuitos. A la derecha, un edificio de mediano tamaño, con una locación oscura y siniestra provista de una reja zigzagueante, ahora en ruinas, había sido algún día la cárcel de jóvenes desorientados a los que se les había pasado la hora en toque de queda, entre ellos, mi padre. Me había relatado la historia con voz de soñador, alzando las manos y gesticulando con esmero al tiempo que saboreaba lo que le quedaba de manzana confitada. El “Galaxy Harvest” se empinaba distinguido entre las lanchas que apenas si se mantenían flotando, desbordante de containers amarillentos con inmensas inscripciones CCNI, Hapag Lloyd, Hand Craft, Seaboard Marine, entre otras.

-Do you want to take a boat?- me dijo un niño rubio de unos siete años con la misma naturalidad con la que le habría hablado a cualquier integrante de su familia, todos gringos ofcourse.
-No, gracias- contesté sonriente. La artesanía porteña presentaba variaciones considerables desde la última vez que me detuve a leer sus precios, el caballero con el pelo pegoteado repleto de dreadlocks ya no sólo ofrecía dibujos en español, a su derecha, un cartel de cartón al que el viento difícilmente le daba tregua, exponía con caligrafía deficiente “Hacemos retratos”, mientras que a su izquierda en una cartulina blanquísima, impresa y plastificada se escribía cuidadosamente “We made all kind of portraits”. Así, en Valparaíso, patrimonio de la humanidad, cada despuntado negociante que busque sacar provecho del estatus regional debe utilizar por la razón o por la fuerza el inglés como estrategia de marketing, como si el bilingüismo fuese un hallazgo común en otras ciudades del mundo, en las que si no conoces el inglés, se te confunden los pronombres y te falla la interpretación, acabas comprando aceite para el auto en lugar de aceite para cocinar. Pero Valparaíso misericordioso no castiga a sus turistas, los compadece.

Subí hacia el cerro alegre recordando las expresiones exactas de mi padre quien hacía unas semanas me había llevado de su brazo a recorrer las mismas calles alegóricas que acostumbran alimentarte con cuentos bonitos y sobre todo verosímiles, por lo que la palabra "cuento" no sería más que una mala sustitución de
historia.

-Por aquí caminaba tu viejo, veinteañero, está todo muy cambiado, me dabas vuelta y no caía ni un peso, con suerte me alcanzaba para un café negro, que se me quedaba pegado en los bigotes, y mi pipa, mi pipa- había dicho con los ojos luminosos y la postura acogedora mientras pasábamos por las afueras de la St Paul Church, Iglesia Anglicana.
Los muros expendían un aroma a humedad imposible de confundir que seguramente tenía su origen en las lluvias que acababan de pasar y el hecho, por absoluto comprobable, de que a ciertos sectores de Valparaíso jamás los alcanza el sol. Instituto de Música, Taller de escultura en plata, Iglesias protestantes, Escuela de Fotografía, Cafés y hoteles por doquier, todos emplazados en antiguas construcciones coloniales, un poco remodeladas y bien pintadas.
Absorta en mis giros mentales me preguntaba qué había pasado con el Valparaíso que añoraba mi padre, “el eterno Valparaíso” que describía con efervescencia, entonces me introduje por uno de los recovecos de viviendas amontonadas y paredes atiborradas de graffitis, y así, sin más, encontré mi respuesta. La culpa -si el crudo concepto tiene aquí cabida- según algún ciudadano consciente, era del mismo reconocimiento que mencioné más arriba. En una de las ventanas que se distinguía de las demás por su decadencia, había un papel medio manchado pegado con cinta negra, que decía más o menos así: “Patrimonio de la Humanidad, pura plata y nada más”.
Entré a un café que el común de las personas ignora por ser menos pintoresco que el “Café Turry” pero en mí generó una sensibilidad especial. Bed and Breaksfast, decía con letras coloridas pintadas a mano. Me senté a contraluz observando apacible el reflejo del mar en el vidrio contiguo, el sol que había entibiado el viento empezaba a extinguirse y dejaba de quemar. Se esparcía magnífico el sonido de un saxo, "La Vie en Rose" relajaba mis músculos y el músico blancucho con apariencia de judío se balanceaba gracioso entre las mesas casi vacías. Después de leer la carta bilingüe pedí una Coca Cola: Would you please bring me a Coke? Pronuncié burlesca.
Supongo que esa es la ventaja de estar In-forming.