El fantasma inflacionario que ha debido combatir nuestro actual gobierno ha sido el mismo verdugo terrorífico que han tenido que combatir todos los gobiernos anteriores. La situación es alarmante. En las calles se dispersa determinante la idea popular de que estamos en crisis mientras que nuestros creíbles representantes niegan convenientemente la afirmación, sonríen escuetos y hacen alusión a una supuesta situación de prosperidad. A decir verdad, ambas partes están en lo cierto, el problema de nuestra economía es a nivel micro, no macro. Pero la crisis alimentaria crece exponencialmente en nuestras narices.Hambre, en alguna de sus célebres acepciones, es la escasez de alimentos básicos. Y escasez vendría a ser la insuficiencia de lo necesario para vivir. En tiempos de crisis en el mundo entero se desperdician alimentos de las formas más aberrantes, seguimos aferrándonos a la ilusión de la abundancia. Reducir el desperdicio sería una de las vías menos violentas para erradicar el hambre. En México la despreocupación es tal, que se desperdicia en promedio un 20% de los alimentos en la transacción productor-consumidor, informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) declaran que este hecho se da mayoritariamente en el consumo de frutas y cereales. Si se reciclara este alimento se alimentaría conscientemente a alrededor de cuarenta mil personas.
En Gran Bretaña -por citar sólo un ejemplo- se desperdician cada año más de cuatro millones de toneladas de alimento, en su mayoría alimentos poseedores de altos niveles de carbohidratos y proteínas como las papas y el pan. Cuatro millones de toneladas que podrían saciar el hambre de ciudades completas.
En Estados Unidos la cadena es tan desequilibrada que un 50% de los alimentos cosechados anualmente se pierde antes de ser consumido. Según un estudio de la Universidad de Arizona ésta comida podría servir para alimentar a todos los desnutridos de los Estados Unidos de América, que aunque parezca absurdo, existen.
El alza en los precios no es un problema chileno: En Panamá, Perú, Colombia, Venezuela y Bolivia los precios de los alimentos también superan a los precios generales. Sin embargo, incluso con el lúgubre panorama, se presenta categórica otra idea clara y distinta: pese a que el disparo excesivo de los precios es una amenaza, constituye a su vez una oportunidad, América Latina consume y produce materias primas, por lo tanto, si el precio crece, crece también el impulso para las exportaciones. De ahí que el problema es a nivel micro, y no macro, las autoridades no se equivocan cuando establecen que éste es un momento brillante para la economía, aun sin hacer hincapié en cuál es el costo de dicha brillantez y en quiénes son los que lo pagan a diario.Los proyectos para reducir los índices de desnutrición son promisorios a lo largo del planeta, pero no pasan de ser promesas.
El 2007 el hambre cobró 50 millones de víctimas más que en los años anteriores. Los conglomerados de dirigentes se reúnen a proponer ideas de difícil ejecución y los habitantes de estas tierras magníficas continúan esperando famélicos por una solución.
Se lee soñador e idealista, pero el mensaje además de sencillo es necesario. Cuando nos llegan realidades como ésta sin anestesia, la concepción del mundo como un lugar hostil puede infiltrársenos ágil y sin digerir. El problema va mucho más allá de las cifras que se leen en los supermercados locales.Acabar con el hambre es posible. América Latina y el caribe cuentan con recursos humanos de sobra y con más recursos naturales que cualquier otra región del mundo. Terminar con la pobreza es un objetivo ambicioso si aún no se termina con el hambre.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos propugna que la alimentación es un derecho. El hambre entorpece el desarrollo de las naciones, ensucia la democracia, cuestiona la ciudadanía y es un crimen.
El primer Objetivo del Milenio es reducir el hambre a la mitad para el 2015. Las autoridades debieran replantearse el desafío con más fuerza y más voluntad, el cometido debiera ser el de acabar con el hambre por completo y no a medias, hambre cero. Para que las políticas sociales sean efectivas a nivel global se deben implementar desde adentro, el progreso como fin sólo es alcanzable con la conciencia como medio y la conciencia sólo se crea con la información.
El 15 de Diciembre del 2006 se anunció por primera vez que Chile iba a contribuir con el hambre y la pobreza mundial. La Ley Nº 20.138 establece que los aportes se convendrían como parte de iniciativas internacionales y se canalizarían por medio de los fondos, programas y agencias del sistema de las Naciones Unidas. Estos aportes comenzarían a realizarse desde la fecha en que entren en vigencia los acuerdos correspondientes. Chile realiza aportes de hasta cinco millones de dólares anuales en la guerra contra la pobreza y la desnutrición pero tristemente no informa a sus habitantes sobre los vaivenes de ésta lucha. La población chilena de hoy es una de las más inconscientes y egoístas de nuestro continente.
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