domingo, 2 de noviembre de 2008

La noche espesa arrulla en mis oídos. Se esfuma, se invierte. Tu risa tibia comprime el punzar desatado que se enciende como brisa humeante en el hielo de la misma noche espesa que se transforma en mañana... Y los cientos de palabras enraizadas pronunciadas, susurradas, en las penumbras hilarantes y angustiantes del amor...
La postal idílica de tu pelo cayendo ligero por tu frente en una tarde de septiembre delinea ahora el murmullo del aire pulcro que destroza mis estaciones, mis paraderos, mis hojas secas en otoño. Mis gestos grisáceos de invierno y verano.

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