martes, 2 de septiembre de 2008

Sr B

Sábado por la mañana y el Señor Bitman caminaba por la avenida con su enorme abrigo multicolor arrastrándole con carácter por entre medio de los pies. Los cuarenta grados de calor eran perfectos para pasearse sofocándose moribundo por la ciudad. Tenía el bigote anarajando y apenas unos pocos dientes erosionados. En su mano arrugadísima sostenía una pipa vacía y unos lentes poperos verdes fosforescentes. Mientras tarareaba una canción de los Beastie Boys una mujer bien vestida se acercó con gesto dulce y le entregó una moneda. El Señor Bitman la miró ofendido, y preso de la indignación dejó caer el pedacito de metal que sonó insignificante entre bocinas y griteríos. Todos los habitantes de Lispengo saben que jamás deben ofrecerle una moneda al Señor Bitman...

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