lunes, 16 de junio de 2008
No Title
Fui a Viña a cambiar un abrigo que me habían regalado -si es que a eso puede llamársele abrigo- por otro abrigo verdaderamente abrigado que me coopere de alguna manera en la difícil tarea de salir invicta de este invierno.Después de hacer la transacción correspondiente caminé por la feria artesanal que está al frente de la playa, un desfile de paños y gorros y guantes y aros y todo tipo de artesanía. Uno se pierde queriendo buscar algo específico, el desorden hippie que envuelve las ferias artesanales no es la mejor estrategia para vender y uno piensa que los "lana" originales de los ochenta debieran haberlo previsto, estaba oscuro y corría un viento al que era imposible adivinarle la dirección. Después fui a esperar la micro, debo haber estado como una hora esperando, no pasaba ninguna micro que fuera a Peña Blanca, el "sapo" me dijo que era por el partido, estaba tan chata que llame al mono para que me acompañara por teléfono, pero él tiene ese maldito defecto de hablar sólo para entenderse él mismo, de hablar hacia adentro, yo creo que le daba lo mismo si yo que estaba parada al medio de una jungla de rugidos entendía lo que me estaba diciendo. Así que le corté no más, después me llamo de nuevo y ahí le expliqué un par de cosas y escuché sonriente sus deseos de que pudiera llegar luego a mi casa. Después de cortar deben haber pasado como quince minutos más hasta que por fin apareció una micro útil entre tanto recorrido a Placilla y la Plaza de Viña, yo me subí al tiro sin fijarme si me iba a ir parada o sentada. Obvio que me fui parada, yo creo que ese es el precio de vivir en el interior y no tener auto. Dicen que Viña es la ciudad más bonita de Chile, yo creo que lo es, algo de maravilloso tiene que tener caminar despreocupadamente por sus rincones. La micro iba llenísima, a mi lado unos niños conversaban sobre los ramos de la universidad, llevaban unos bolsos gigantescos y un computador, me sentí perdida, cuando por fin me pude sentar me senté al medio de una niñita y sus papás. Así que podrán ustedes mismos imaginarse por lo que pasé, la niñita estaba recién aprendiendo a escribir y me hacía pasarle esquelas de barbie con mensajitos a cada rato a su papá. Yo iba enferma. Una señora de más allá se había subido un poco después que yo y no había parado de hablar ni un sólo minuto, se sabía todas las recetas de memoria, citó autores de libros de cocina, dijo innumerables veces la palabra "curry" y todo lo relacionado con el curry. Llevaba mareada a la niña con la que iba, le preguntaba cosas de cocina, y hasta le dio una receta para hacer de todas sus comidas potenciales afrodisíacos. Me tenía el estomago revuelto. En ningún momento le había visto la cara a la señora, yo sabía que estaba dos asientos más allá del mío y aún así sentía mi espacio invadido, siguió hablando de las comidas japonesas, españolas, brasileñas y de pronto escupió la que fue seguramente la frase más insólita de mi viaje, dijo que a ella no le importaba la cocina, que no entendía a las personas que tenían todas las recetas y las re leían, fue escueta para explicar que la gastronomía le era indiferente y dio todo por terminado. Estoy segura que los papás de la niñita se sintieron igual de desconcertados que yo cuando escucharon esa afirmación -¡Qué absurdo!- pensé. Le debía veinte pesos al chofer y el transporte chileno ahora no puede seguir vendiéndose sin tu aporte así que a punta de tropiezo tuve que pararme a dejárselos. Cuando por fin iba llegando a mi paradero, todos los personajes precedentes se sumieron en el más hondo de los silencios, la niñita dejó de hablar sola, los papás dejaron de hablar entre ellos y la señora con el destape culinario finalmente había parado la lengua. Yo estaba aliviada porque me tenía que bajar pero al mismo tiempo tenía ganas de quedarme ahí, de abrir el bolso, sacar mis audífonos, un libro y disfrutar de la calma que siempre está implícita en los viajes fríos y solitarios de la locomoción colectiva.
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1 comentario:
dani aqui leyendo tu blog me doy cuenta que lo de viajar en micro es horrible y eso que solo fueron los pasajeros y la espera lo peor ni hablar del los payasos que ha veces se suben y justo te agarran pal leseo teniendo a 20 personas mas y tu dices por que justo a mi y como no hablar de esa vieja que se sube a dar lastima y con una guagua y te deja un calendario todo picante qe hay que comprarselo por lastima mas que por lo util que resulte, pero igual es folclorico y caracteristico y en ocasiones hasta romantico ir en micro claro eso si sin ir de pie y que la micro avance y no se "heche" a esperar pasajeros.
bueno besitos
tu cuñi
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