martes, 4 de noviembre de 2008

Jajaja, es extraño articular risas por blog, pero pretendo así ser más directa que de costumbre, en tiempos en los que la dirección deliberada no es nada sino una carencia, una manía americana, chilena tal vez, de hacer uso desmedido del lenguaje figurado, de la insinuación vulgar.
Estoy situándome en una línea recta de pensamiento, en la que toda la gente de mi edad habla de una sola cosa, la PSU, y toda la gente que no tiene mi edad habla de una sola persona, Barack Obama y la forma en la que utiliza su condición de casi negro para ganar las presidenciales, con descaro pero con gracia, claro. En la línea recta de pensamiento cuesta mantener el equilibrio para no perder la concentración y hoy día me sorprendí caminando con uniforme por las calles de Belloto, masticando un dulce de menta durísimo con un sabor más o menos fidedigno -aunque en extremo alejado al de un alka original- y observando media aturdida las pelusas primaverales que hacían alarde alrededor. Me sonaban las monedas en el bolsillo y las máquinas de la construcción hacían estruendo quebrando la tierra, destruyéndola, paradójicamente, para construir sobre ella con su falsa ingenuidad. En momentos como ese, que no identifico como sacados de un sueño ni como realidad, el tiempo es más lento y la luz más difusa. De golpe me sentí reencontrándome con cierto espíritu callejero que creía fosilizado, ese espíritu que sólo emerge, se esconde, muere y renace en este lugar del mundo, donde todos, dominados por los titulares noticiosos y los acontecimientos anuales, tradicionales -genuinos- nos olvidamos de mirar bien, respirar hondo y proceder...

domingo, 2 de noviembre de 2008

La noche espesa arrulla en mis oídos. Se esfuma, se invierte. Tu risa tibia comprime el punzar desatado que se enciende como brisa humeante en el hielo de la misma noche espesa que se transforma en mañana... Y los cientos de palabras enraizadas pronunciadas, susurradas, en las penumbras hilarantes y angustiantes del amor...
La postal idílica de tu pelo cayendo ligero por tu frente en una tarde de septiembre delinea ahora el murmullo del aire pulcro que destroza mis estaciones, mis paraderos, mis hojas secas en otoño. Mis gestos grisáceos de invierno y verano.