miércoles, 6 de agosto de 2008


Josué de Castro declara -Yo, que he recibido un premio internacional de la paz, pienso que, infelizmente, no hay otra solución que la violencia para América Latina-. Ciento veinte niños se agitan en el centro de esta tormenta. La población de América Latina crece como ninguna otra, en menos de medio siglo se triplicó con creces. Cada minuto muere un niño de enfermedad o de hambre, pero en el año 2000 habrá seiscientes cincuenta millones de latinoamericanos y la mitad tendrá menos de quince años: una bomba de tiempo.
Entre los doscientos ochenta millones de latinoamericanos hay, a fines de 1970, cincuenta millones de desocupados o subocupados y cerca de cien millones de analfabetos; la mitad de los latinoamericanos vive apiñada en viviendas insalubres. Los tres mayores mercados de América Latina -Argetina, Brazil y México- no alcanzan a igualar, sumados, la capacidad de consumo de Francia o de Alemania occidental, aunque la población reunida de estos tres grandes, excede largamente a la de cualquier país europeo. América Latina produce hoy día, en relación con la población, menos alimentos que antes de la última guerra mundial, y sus exportaciones per cápita han disminuido tres veces, a precios constantes, desde la víspera de la crisis 1929.
Nuevas fábricas se instalan en los polos privilegiados del desarrollo -San Pablo, Buenos Aires, Ciudad de México- pero menos mano de obra se necesita cada vez.
El sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente. Y la gente se reproduce. Se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. Cada vez queda más gente a la vera del camino, sin trabajo en el campo y sin trabajo en la ciudad, el sistema vomita hombres. Las misiones norteamericanas esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, espirales, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños, porfiadamente, los niños latinoamericanos continúan naciendo, reivindicando su derecho natural a obtener un sitio bajo el sol de estas tierras espléndidas que podrían brindar a todos lo que a casi todos niegan.


Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina.


Hace treinta y ocho años Galeano no estaba equivocado. La situación empeoró, el hambre en América Latina crece a velocidades incalculables. Según los últimos informes de la FAO cincuenta y cuatro millones de personas sufren de desnutrición y avitaminosis crónica en la región. Los crímenes que se suscitan en nuestros sectores más periféricos son silenciosos, los que controlan los medios de difusión lo saben y preveen el caos colectivo acallando los llamados de auxilio de los que verdaderamente ya no tienen qué comer. Es mucho más fácil enfrentar a los cuerpos sin vida que genera la hambruna que a los cuerpos con vida portadores de mentes conscientes. La información existe pero la prensa amarillista no se encarga de hacerla proliferar. Está al alcance del que quiera, pero la disidencia social y el partidismo tóxico de los que llevan el pandero de las naciones la estanca y la inutiliza. A los noticiarios comunes se les van treinta de cincuenta y cinco minutos sirviendo de informadores superficiales entre noticias deportivas y crónica roja. Sube el pan, la bencina y el pasaje de la micro, mientras el 10% de todos los habitantes de América latina se va a la cama con hambre.

http://americasinhambre.blogspot.com/2007_11_01_archive.html
Ese es el blog de la iniciativa de la FAO para erradicar el hambre, ¡veanlo!

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